TRIBUNA ABIERTA

9209: El cuento de los espejitos de colores

Mendoza entera se unió en un solo grito: recuperar la 7722 y lo hizo manifestándose pacíficamente en las calles, acción que no sólo hermanó al pueblo, sino que devolvió la tan mentada ley guardiana
miércoles, 8 de enero de 2020 · 17:26

MENDOZA.- (Redacción Voces Críticas) Tribuna abierta es un espacio de debate y libre expresión para todo ciudadano que quiera que su voz sea escuchada. Siempre y cuando lo expuesto sea desde el respeto. Podés enviar lo que quieras publicar a redacción@vocescriticas.com, al whatsapp 3874095050 o bien por mensaje de Facebook. Debés colocar nombre apellido y DNI, (este último no se publicará). Porque...Tu Voz, es nuestra razón de ser.

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Todo pasó ¿en cuánto?, ¿quince días? Mendocinas y mendocinos vimos morir la ley guardiana del agua, la 7722, para luego verla renacer como el “ave fénix”. Fue la lucha del pueblo organizado en la calle la gran merecedora de este reencuentro con lo más preciado de la vida: el agua. Trataron al pueblo de “violento”, “desestabilizador del orden social”, de “40 pelagatos”, de “una barrita” de hippies. Lo cierto es que a espaldas de aquellos que de una u otra forma a través del voto legítimo y la tan honrada democracia los llevó a ocupar puestos de “poder”; el Poder Legislativo (con valiosas excepciones) y el Poder Ejecutivo de la provincia sancionaron de manera express la tan tristísima “ley cianuro” (Ley 9209). Un dolor profundo invadió todo el territorio provincial. Poco a poco la ciudadanía, haciendo eco de su derecho, salió a repudiar el tropiezo abismal de quienes dicen representarla.

Es de público conocimiento lo lamentable de la ley cianuro, sus pocos días de vida y su insensatez al querer ocupar un rol que jamás tendrá lugar en tierras mendocinas. Su falta de legitimidad se vio claramente en las calles, donde familias enteras se manifestaron pacíficamente para defender el futuro, su futuro. El gobierno escuchó, sí que escuchó. Lo hizo porque el pueblo no bajó los brazos, porque más allá de las chicanas de “pueblo inculto” y “violento”, miles y miles de personas no lo dudaron y ocuparon las calles, lo hicieron con cánticos, tambores, banderas argentinas, dejando de lado partidismos, preferencias políticas y hasta religiosas. Al pueblo lo unió una sola causa: el Agua. Y lo hizo bajo una sola bandera: la paz social.

Paz social que intentan sostener los puestos de poder afirmando que la derogación de la ley 9209 y el restablecimiento de la 7722 es una muestra de su interés por “conservar la paz social”. ¿Puede ser cierto? ¿Puede el gobierno hablar de paz social cuando a espaldas de la gente se sancionó y promulgó una ley que iba en contra del propio bienestar de la provincia entera? ¿Puede el poder ejecutivo hablar de paz social cuando aquel lunes 23 de diciembre una columna inmensa de personas llegó de lo ancho y alto de Mendoza a la explanada de una Casa de Gobierno vallada (un claro reflejo del diálogo del gobierno encabezado por Rodolfo Suárez) para exigir el veto de una norma que ponía en peligro el ecosistema provincial, y como respuesta recibió una represión feroz y sin límite? Ese día, a casi 45° C en los alrededores del Memorial de la Bandera, familias enteras se reunieron al grito: “el agua de Mendoza no se negocia” y “sin violencia”. Fue emocionante ver a niños y niñas sosteniendo carteles, hombres y mujeres cantando y mateando llevando consigo remeras estampadas con gotas de agua, tambores, trompetas y una sola voz: La del pueblo reclamando lo que es del pueblo.

Fue emocionante, sí. Como lo fue la gran travesía de los “parientes” que desde San Carlos emprendieron una peregrinación por la ruta 40 dejando una estela de 12 kilómetros de amor profundo por su tierra y de hermandad absoluta. Pero, esto no emocionó al gobierno aquel día; todo lo contrario…la fuerza policial cumplió órdenes y desalojó la plaza de manera violenta, igual que lo hizo en las concentraciones que se iban suscitando en el casco céntrico de la ciudad. Esos días de dolor dejaron en claro la capacidad de “dialogo” del gobierno provincial.

Las manifestaciones siguieron, se multiplicaron, las familias salieron a las calles, el arte y su esplendor ocupó cada espacio… y todo se realizó de manera pacífica. En NocheBuena, mendocinas y mendocinos invadieron las redes sociales con fotos y posteos en los que se los veía brindar con agua, la Navidad no detuvo a la masa que permaneció de vigilia y siempre con gestos de hermandad

El banderazo, otra gran manifestación de unión, respeto y empatía inundó la Ruta Nacional 40 y otros puntos de la provincia de una gran marea humana que nunca bajó los brazos y siguió luchando por restablecer la 7722.

Ante tanto movimiento pacífico de la sociedad, tuvieron que escuchar. Lo hicieron porque la noticia recorrió el mundo. El dicho “no se puede tapar el sol con un dedo” se hizo evidente. El argumento sin sentido y lejos de interpretar realmente lo que las calles gritaban, fue tan vacío como los corazones de quienes levantaron la mano para aprobar la 9209: tener “un fin de año en paz” y  “solicitar al pueblo mendocino que cesen los cortes y las protestas que no tiene razón de ser. Este es un Gobierno que escucha”.  Sostuvo el gobernador cuya decisión de derogar la ley cianuro y restablecer la 7722 tenía como fin “recuperar la paz que los mendocinos necesitamos” y nos preguntamos: ¿Y la paz que ellos le quitaron a la gente? ¿Qué pasa con el despropósito de vender los recursos naturales de una provincia hundida en una profunda crisis hídrica desde hace una década, a empresas extranjeras que se sabe contaminan, secan y saquean por donde pasan? ¿De qué paz habla, Sr. Gobernador?

Entender la paz social sólo como la ausencia de conflictos en la calle o como el respeto inalterado de normativas de convivencia establecidas, es como creer que el agua dentro de una olla a presión, completamente y herméticamente sellada, no está caliente  porque no se la ve hervir.  ¿Existía paz en Chile antes del estallido social? O, ¿el estallido fue una expresión violenta de una paz que no existía? Si Chile hubiera estado en paz, jamás hubiera estallado.

“Si buscamos en el diccionario palabras asociadas a la palabra paz vamos a encontrar: tranquilidad, sosiego, quietud, calma, reposo, concordia, armonía,  acuerdo. Todos estos estados asociados a la paz fueron rotos, en Mendoza,  por la cúpula política empresarial desde antes de sancionarse la Norma que derogaba la 7722. Ya no había paz ante los acuerdos previos que ignoraban todos los aportes y la voluntad innegociable de los mendocinos de cuidar el agua de nuestro seco territorio”, dice Daniel Funes de la Asamblea por el agua San Carlos.

Podemos decir entonces que “la paz social sí se había quebrado, y sigue quebrada, en los claustros de los contubernios políticos empresariales. Y que lo que la gente hizo saliendo a manifestarse en las calles sin violencia fue buscar la restauración parcial de una paz social que se había perdido, no por culpa de los mendocinos todos, sino de esos minúsculos grupos de poder que pretenden ser dueños de la vida y la muerte de la mayoría. Y ahora ¿se ha restaurado la paz social de Mendoza o solamente se bajó el nivel de conflictividad en las en las calles?  Yo creo que la paz social sigue rota y la conflictividad latente. Corremos el riesgo de volver a tapar la olla para no ver lo que nos está sucediendo como humanidad y como comunidad organizada en Mendoza, estamos tapando para no ver”, argumenta Funes.

Otro capítulo es el convencimiento del gobierno de mejorar la matriz productiva de la provincia por medio de esta vía destructiva y sin piedad que ya ha arrasado en otras partes del mundo, un claro ejemplo es como arde hoy el país de los canguros y  koalas; Australia. El país y la provincia necesitan de profesionales que entiendan la importancia de alternativas sustentables y amigables con el medio ambiente, pero también de una clase política capaz de acabar con sus privilegios en pos de una sociedad más justa.  Pero, eso lo dejo para una próxima reflexión.

Por Victoria Navicelli

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