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Cuando las ideas mueren quedan sólo las cabezas huecas, entonces hay que adornarlas con algo y de paso al resto del cuerpo para que haga juego. Algo parecido es lo que está ocurriendo con los políticos en Salta, donde ya se recurre a cualquier estrategia con tal de sobresalir frente a los demás. 

Un ejemplo muy claro de esta extinción de ideas (si es que alguna vez las tuvo) es la última puesta en escena del actual vicegobernador Miguel Ángel Isa, quien sin ningún pudor se prestó a ser caracterizado como un gladiador aunque su atuendo fuera de pretor romano lo cual dice de que los asesores poco o nada entienden de historia. 

No es el caso juzgar el vestuario, sino la puesta en sí, que denuncia que estos personajes ya no tienen nada más para decir ni para hacer, entonces hay que probar con el ridículo. Para algunos está bueno que los políticos se presten a estas transformaciones que van a tono con la época de carnaval, quizás tengan razón, pero eso sería en el caso de políticos con empeño, con trayectorias claras y prudentes que tienen todo el derecho de jugar una carta apostando a la bufonería. 

Pero cuando se trata de funcionarios obstinados en permanecer aferrados a los cargos y que cargan sobre sí más dudas que certezas sobre sus funciones pasadas, que están investigados o sospechados y que en definitiva no han hecho nada por lo que la historia un día pueda reconocerlos, disfrazarse es el último recurso: “No importa que hablen bien o mal, pero que hablen”, suele ser la sentencia atribuida a Miguel Isa y debe admitirse que tiene razón: el público ha hablado, sólo que como en el circo romano, bajándole el pulgar. 

Frente a un electorado cansado de falsas promesas, de propuestas jamás cumplidas, de enriquecimientos espontáneos e injustificados, todavía agregarle los disfraces es como una tomada de pelo popular ya que al fin de cuentas todavía están todos esperando que se saquen la careta para que se sepa qué son verdaderamente. Porque quiénes son, ya se sabe demasiado. 

Según se dice el corso gráfico continuará con la presentación de otros notables de la política de Salta posando en atavíos de originarios o personajes históricos, de donde habrá que concluir que la desvergüenza ya se mezcla con la impunidad y a todos los anima un “qué me importa” frente a quienes los han votado y de quienes esperan todavía un voto.

Mientras no exista madurez política en la población y más ciudadanos se sumen a participar la política, seguirá siendo la arena donde estos personajes estrafalarios y encima disfrazados, continuarán aprovechándose de esa apatía para continuar depredando a la política y como se haría en el Coliseo, asesinando a los más débiles.

Prof. Esteban Salvatierra