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Algo parece haber cambiado en la mente de los directivos de SAETA, la empresa que controla el sistema de transporte urbano de pasajeros que parece haber migrado desde la concepción de servicio público a la de una organización siniestra destinada al control social de la población.

Desde la autocrática determinación del incremento del boleto mensualmente sin audiencia pública hasta los cambios inconsultos de horarios, pasando por la intención de enviar el tráfico de colectivos por calles, que no resisten más flujo de tránsito como la Vicente López, por donde intentan hacer transitar unidad que obstaculizarán aún más el tráfico provocando además una considerable contaminación auditiva y ambiental. 

Pareciera existir un concepto reduccionista del ciudadano a un simple objeto de consumo donde se ha llegado a la irracionalidad de pretender decidir qué debe hacer el usuario con su tarjeta en clara violación de principios constitucionales que dictan que todos pueden hacer aquello que la ley no prohíbe. 

Como la idea de aprieta urbano que tiene SAETA no caminó, tuvieron que retroceder en el tema del uso de la tarjeta y a cambio lanzaron a la calle a una estampida de inspectores que con gesto avinagrado revisan prolijamente a cada usuario decidiendo en ocasiones lanzar al pavimento a quien no puede justificar su presencia en el colectivo. Esta medida si bien tiene su razón de ser porque no son pocos los que aplican la “viveza criolla”, también ha conocido de excesos en un pretendido celo profesional de los inspectores. 

La idea de sembrar terminales de recarga ha sido una iniciativa razonable, excepto el hecho de algunas no funcionan como corresponde, se tildan a la mitad del procedimiento y en otros casos la máquina toma los billetes y no carga la tarjeta entregando un ticket que dice lacónicamente “Intento de carga no fue exitosa”, con lo cual al usuario le provocan dos problemas, el quedarse sin carga y sin dinero, tener que disponer de tiempo para dirigirse a Redbus y además exponerse a ser descendido de la unidad por algunos de los temibles inspectores. 

Todo orden y progreso debe ser saludado, pero además debe contemplarse que no todo es dinero y máquina, sino que existe el ser humano, los cientos de miles de salteños que a diario utilizan el transporte colectivo y que son la razón de ser de SAETA. De allí que debieran sus directivos aplicar esa razón para aliviar las ya exigentes condiciones que le imponen a los usuarios de quienes viven.

 

Prof. Luis Rodríguez