Manuel Santiago Godoy, la piedra que entorpece la renovación democrática en Salta
SALTA.- Las próximas elecciones del año entrante encuentran a la sociedad ante dos fenómenos hasta ahora nunca ocurridos; por un lado la ausencia de candidatos definidos o potables y por otra parte un hastío generalizado de la población hacia su clase dirigente.
Una de las razones de ese hartazgo es la permanencia de algunos en sus cargos por décadas, fenómeno que ha generado una especie de feudos políticos donde ya los cargos se han convertido hasta en hereditarios o propiamente un bien de familia.
En la provincia de Salta un ícono de esta enfermedad que deriva en un nepotismo que degrada a la democracia es el caso del diputado Manuel Santiago Godoy quien desde hace tres décadas vive del Estado. Esto demuestra dos cosas, por una parte el espíritu totalitario de Godoy pues sólo los dictadores tienen esa vocación de eternizarse en el poder, y por otro lado, la mediocridad de este sujeto que jamás pudo hacer otra cosa para ganarse la vida, salvo alcanzar el título de Magister de la Rosca Política.
Pero no toda la culpa es del chancho sino de quien le da de comer, pues Godoy ha sido funcional a todos los gobiernos que pasaron, lo cual habla la ausencia del valor lealtad en su persona ya que ha servido a todos los soberanos, siempre decapitando a su amo anterior.
Esta capacidad de servilismo le valió alcanzar la dirección de la CAP (Comisión de Acción Política), otra demostración de la admiración de Godoy por los manejos dictatoriales ya que esta CAP, en mucho se parece a la CAL, (Comisión de Asesoramiento Legislativo) con la que los militares de la última Dictadura reemplazaran al Congreso nacional. Del mismo modo, aquí Godoy ha reemplazado al Consejo de Conducción del Partido Justicialista, levantando y bajando el pulgar “a piacere” según le convenga o no, tal o cual candidato, a total desprecio de la opinión de los afiliados.
De esta manera el otrora poderoso e imbatible PJ salteño se ha reducido a una expresión política que depende de sus aliados en el Frente, a pesar de cuyo apoyo en las últimas elecciones perdió sustanciales bastiones como Orán, San Martín, Metán y en el colmo de la atomización la propia Capital de Salta, donde el propio Godoy renovó su cargo “arañando” ya que hasta el domingo de las elecciones, en horas de la madrugada, se quedaba afuera.
La estratégica presidencia de la Cámara de Diputados, hace también que la permanencia “ad eternum” de Godoy, sea una piedra en el engranaje de la democracia salteña, ya que desde ese sillón manipula, digita, negocia y administra la política salteña, siendo así que proyectos de utilidad pública, por estar presentados por adversarios de Godoy, quedan “cajoneados”, ya que Godoy no opera por sentido democrático sino por conveniencia y simpatía.
La alternancia es la savia de la democracia y el caso testigo de Godoy –como de otros políticos más- impone que se tome conciencia del mal que significa la falta de renovación de los cuadros políticos. Si acaso Manuel Santiago Godoy volviera a postularse el año próximo, esto sería una muestra palmaria de su caradurez y su desprecio por la democracia y por los ciudadanos salteños. Es preciso iniciar una renovación que prospere en espacios de oportunidad para los jóvenes y aquellos ciudadanos honestos y capaces a quienes prácticas repulsivas como las que implementó Godoy han alejado de la democracia.
Si Godoy fuera un verdadero peronista debiera recordar que fue el propio Perón quien habló del “trasvasamiento generacional”, es decir, ir dejando los espacios para que los más jóvenes vayan participando. Por lo que se ve, además de totalitario, ni siquiera peronista es.
Por Franco Alvarado para Voces Críticas