HACEDOR DE CURROS
Matías Assenatto: CV de un busca serial
SALTA.- Siempre que hay mudanza quedan residuos, cosas inservibles, esos bártulos que uno no sabe dónde dejarlos y termina abandonándolos en algún lugar. Cada vez que se aproxima un final de ciclo con los políticos pasa lo mismo. Un ciclo político se termina y siempre los que lograron un cargo por alguna razón inexplicable comienzan a “ver qué se hace”.
Uno de los primeros en buscarse un “currito” es, Matías Assenatto, justamente, un profesional en estos temas, un ejemplo a seguir por todos aquellos que tengan vocación de “buscas” y de “tallo rastrero”, aquellos vegetales que se desarrollan recostados, avanzando mediantes nudos que van haciendo y echando pequeñas raíces cada cierto trecho; traducido en lenguaje político, sería acomodando amigos, parientes, conocidos. Pero no hacen nada más.
Este Assenatto es una “rara avis” que echó sus primeras raíces en el radicalismo desde donde le disparaba munición gruesa al gobernador Juan Manuel Urtubey tratándolo de “autoritario” y “destructor de partidos políticos”, de “socio de los Kirchner”, y rechazaba el Frente acusando al Partido Renovador de “cómplice”
Pero aquellos eran años mozos en que la revolución se idealizaba y se combatía a estos capitalistas… hasta que… un día Assenatto se encontró con un carguito político y la revolución, los ideales y los radicales fueron a parar a los caños.
Así fue, que un día, Matías Assenatto, fue a dar con sus huesos a El Bordo para reemplazar al hasta entonces intendente, Juan Rosario Mazzone, alias “El Chicho”, un badulaque que tuvo la “desprolijidad” de tomarse fotografías en paños menores con menores, que también estaban en paños. Un “dulce” el gordito, que recibió a quien venía a intervenirlo –Assenatto- con honores poco menos que de Estado… estado de ebriedad, sería.
De allí en más, Assenatto supo anudar –lo mismo que el tallo rastrero- una cadena de cargos, en los cuales, más dejó dudas que certezas, hasta llegar a ser candidato a concejal donde el voto popular lo rechazó como representante. Claro, hubiera sido el único cargo legitimado democráticamente que obtuviera Assenatto, pero no, bien dicen “Vox Populi-Vox Dei”, y terminó sus días de funcionario al frente del Registro Civil entregando DNI de varones por mujeres, o sea, cumpliendo estrictamente con la ley que ordena cambiar de generos.
Ahora, cuando se está bajando el telón de una Administración hay que buscar qué cosa hacer y como en el Estado ya no queda nada por ocupar la tendencia a mantenerse en un carguito parece habérsele convertido en una adicción, de modo que se comenta en las cercanías de Lerma y San Luis que el eterno funcionario aspiraría a ocupar el sillón de la Presidencia del Centro Juventud Antoniana.
Tal vez sea una tradición o una especie de magnetismo que tiene ese sillón para los buscas, unos saltan desde allí a la función pública y se atornillan a los cargos, y otros, como en este caso Assenatto, quiere seguir atornillado.
Ahora… si llegara a presidir el noble Club Antoniano, a la luz de los resultados de sus intervenciones, los “Santos” realmente deberían salir marchando.
Por Matías Zorrilla para Voces Críticas