DE LA REVISTA... DERECHITO AL CORSO
¡Hug!; el Indio Godoy sale a la calle en Carnaval
SALTA.-La cercanía del Carnaval permite la salida a la calle de todo tipo de mascaritas y también de mascarones. Algunos causan gracia y otros infunden terror. En la última edición de la Revista “Salvador”, cuyo sugestivo título no se compadece con los resultados, pues cada publicación contribuye a tirarle un salvavidas de plomo al entrevistado –salvo que se trate de salvar al electorado-, aparece el presidente de la Cámara de Diputados, Manuel Santiago Godoy, travestido como un cacique nativo norteamericano, lo que lo suyo constituye un insulto a esas nobles razas originarias.
Es un secreto guardado celosamente por la producción quién es el autor de estos enmascaramientos, pero hay que suponer que se trata de una suerte de “killer”, que selecciona cuidadosamente sus víctimas para ultimarlas con estas producciones, que si bien, terminan siendo un disparo en medio de los ojos para los que aparecen, pues no tienen sustento, ni mérito alguno en su performance, ya que si los tuviera el efecto sería otro, hay que reconocer que la apuesta editorial es audaz, novedosa y se nota el excelente trabajo en la producción de la misma. No se trata de una crítica a la revista, que por cierto, es una puesta muy buena, sino de estos dos primeros personajes elegidos, de quienes ni pensar tengo lo que debo redactar, ya que una incontinencia de pensamientos arremeten en mí y la pluma se mueve airosa, al compás de todo lo que tengo que escribir de ambos, máxime, si los veo ataviados de tal forma; el lector ofendido, si existiese alguno, sepa disculpar entonces mi arrebato de sinceridad al llamado de la ansiosa voz de mi consciencia y mente, por volcar lo que pienso.
Lo que no resiste ya análisis ni comentarios, son los políticos que desfilan en sus tapas, enmohecidos en sus lugares, apropiados del sistema y del futuro de la gente, los únicos que han crecido y en términos exponenciales son ellos. Salta es aún, un lugar pequeño en términos generales, donde todos se conocen y la memoria recordará que estos que ahora juegan como modelos, hace unos años tenían un modesto vivir que no se condice con sus abultados patrimonios actuales, un simple cálculo hace que los números no cierren.
¿Hasta dónde llega la codicia y la ambición de una persona que está dispuesta a ir más allá del buen nombre y honor con tal de permanecer?
En el caso de Godoy, no cabía otra caracterización que la de un “Indio”, pero los productores deberían haberse informado antes, ya que existieron varias clases de “Indios”; el originario puro y también el “Indio de m…”según el conocido mote popular con que se intenta denigrar a quien se considera de menor categoría.
Sabrá el lector elegir cuál de las dos categorías le vienen y convienen a Santiago Godoy según sus méritos y funciones.
Aunque también hay que significar que la expresión infame de la foto de tapa se ajusta al de un individuo tosco, sin sentimientos nobles y en estado casi salvaje. Bastaría probar con el simple ejercicio de colocar la foto del “Indio” Godoy camuflado y a su lado la de cualquier bestia salvaje y notar la brillantez de inteligencia propia de los bichos silvestres. El rostro anguloso, solemne y pérfido es otro detalle muy bien logrado para retratar, a quien ha sido durante décadas, el sicario político por excelencia, con más éxito que el gánster John Dillinger, aclarando que no se trata de insultar a Dillinger, por supuesto.
Las plumas que coronan al Godoy de este mes de “Salvador”, más que de un cacique hacen pensar en una “rara avis”, aún no clasificada por los naturalistas, que lógicamente tendrán dificultades para esto, ya que las especies se ordenan según su familia, y Godoy vendría a ser algo parecido al eslabón perdido, a esta altura más perdido que eslabón, ya que la cadena de mando de Godoy se ha cortado en algún punto y esas plumas únicamente le podrían servir para que detenga la caída libre en que se encuentra.
En la última elección, el “Indio” Godoy ingresó con los cómputos de la madrugada, “rasguñando las piedras” y volvió a ocupar el sillón de la presidencia, no por sus méritos, sino porque –dicen- ninguno de sus pares se atrevía a lidiar con los inconfesables secretos de ese sitial. De modo, que sería bueno que Godoy aprovechara la cercanía del carnaval, para incorporarse en el medio de alguna agrupación carnestolenda que sería de las únicas que estarían dispuestas a aceptarlo, claro no como “El gran jefe” sino quizás como el “Diablo de la comparsa”.
Aunque el último intento de Santiago Godoy de formar una agrupación terminó resultando una murga arrabalera.
Por Franco Alvarado para Voces Críticas