2019-12-23

POR FRANCO ALVARADO PARA VOCES CRÍTICAS

Alberto Fernández y la “Solución Final” para los jubilados

Nuevamente los jubilados serán los que tendrán que ponerle “el hombro al país”. 

ARGENTINA.- (Franco Alvarado para Voces Críticas) República Argentina, un país cíclico, encerrado en un circuito autodestructivo, donde los ciudadanos giran como las bolillas que se van perdiendo por el hueco de un embudo, hasta el fondo, hacia la oscuridad de la historia. 

Cambian los personajes, pero las situaciones se repiten condenando a ciertos sectores a una malévola cadena perpetua de frustraciones. Un gobierno que llegó prometiendo el “Paraíso”, paradójicamente provoca que los males que llueven desde los decretos, hagan impacto en los sectores más desprotegidos como acaba de ocurrir nuevamente en el caso de los jubilados que vuelven a ser la variable de ajuste de un sistema perverso, tanto como los que lo pergeñaron. 

Cómo entender que un gobierno que se autotitula “justicialista” comete la impiedad de no cumplir con el principal precepto de la justicia distributiva, aquel de “dar a cada uno lo suyo”. Así, la historia circular argentina vuelve a cobrarse las mismas víctimas, las que fueron de Néstor, de Cristina, de Macri… y ahora son de Alberto Fernández. 

El kirchnerismo fue un régimen que echó mano de las jubilaciones para financiar sus proyectos sociales, el macrismo hizo lo propio y ahora, otra vez los jubilados vuelven a quedar en estado de indefensión, ganados por la incertidumbre ante la decisión de un gobierno que se declara preocupado por la cuestión social y paradójicamente excluyen a los que más precisan del Estado de la seguridad social. 

Si el problema era financiero, primero se debería haber estudiado el modo en que se podía mantener la actualización de los haberes jubilatorios por una elemental razón humana ya que los jubilados sufren los efectos de la inflación como todos, pero son los que menos posibilidades de conseguir recursos extras tienen. 

Con un gesto lindante en una “solución final” del nacionalsocialismo, el gobierno eliminó de cuajo las actualizaciones que por ley había establecido el macrismo, que de todos modos iban detrás de los aumentos de precios; por ejemplo, en  2018 las prestaciones aumentaron 28,5 por ciento y la inflación fue del 47,6. Para este año será 51,1 y cerca del 54 por ciento, respectivamente. La cosa no ha cambiado para nada, al contrario. 

Con Alberto Fernández en realidad nada ha cambiado porque la emergencia no sólo continúa, sino que se multiplica, actuando esta vez sobre los jubilados y renovando la arbitrariedad como política de Estado, la continuidad perversa de mentes que actúan siempre sobre los efectos y nunca sobre las causas.   

En marzo los jubilados iban a recibir un incremento de 11,56% y en junio un 15%, pero ahora esa ley está suspendida y los aumentos que reciban vendrán por decreto y por supuesto, sin que se sepa si los porcentajes serán mayores o menores que los de aquella ley. Nuevamente los jubilados serán los que tendrán que ponerle “el hombro al país”. 

En ese trasiego amargo hay que anotar la cantidad de sentencias firmes a favor de los jubilados que jamás llegaron a cobrarse porque la muerte les llegó antes que la notificación de pasar por el banco. 
 
En un país donde el gobierno se dice peronista, o al menos reconoce raíces en ese Movimiento cuyo emblema era la justicia social, tratar de ordenar la caja del Estado recurriendo al ajuste de los haberes jubilatorios, no sólo es una paradoja “peronista” sino y sobre todo una renuncia a la mística del peronismo. El antecedente no es menor, representa primero la develación de una mascarada que montó el “Frente de Todos” con su discurso social, y luego, la confirmación de que las cosas por este camino no sólo seguirán igual, sino que es válido pensar que hasta pueden empeorar.

 

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