La incoherencia libertaria
Emilia Orozco, Carlos Zapata y Julio Moreno: de estudiar en la UNSa a votar en contra del Financiamiento Universitario
SALTA (Redacción Voces Críticas) La reciente decisión de los diputados Carlos Zapata, María Emilia Orozco y Julio Moreno de respaldar el veto presidencial a la Ley de Financiamiento Universitario expone una profunda contradicción en su discurso político. A lo largo de sus campañas y en múltiples ocasiones, han afirmado que la educación pública es un derecho fundamental y un motor de desarrollo social. Sin embargo, al momento de votar, estas palabras se desvanecieron, revelando una preocupante incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen.
El argumento presentado para justificar el apoyo al veto a la ley universitaria se centra en la necesidad de mantener el “equilibrio fiscal”. Se sostiene que el costo de la ley, que representaría apenas el 0,14% del PBI, podría poner en peligro las finanzas públicas. Sin embargo, esta cifra es, en el contexto de un presupuesto nacional, un margen mínimo que no debería justificar el sacrificio de un pilar tan esencial como la educación.
Al sostener esta posición, los diputados no solo exageran el impacto financiero de la ley, sino que también ignoran las consecuencias sociales que su decisión conlleva para miles de estudiantes y trabajadores universitarios.
Más allá de los números, el verdadero costo de su voto en contra del Financiamiento Universitario es simbólico. Al optar por la austeridad, han dejado en claro que consideran la educación como un gasto y no como una inversión crucial para el futuro del país. Esto perpetúa un ciclo en el que los sectores más vulnerables siempre son los que cargan con el peso del ajuste, mientras que otras áreas del presupuesto, menos cuestionables, permanecen intactas.
Es fundamental recordar que los tres diputados se formaron en el sistema de educación pública que ahora están dispuestos a recortar. Sus trayectorias, que les permitieron acceder a posiciones de poder, fueron posibles gracias a una universidad que no exigía un pago exorbitante para permitirles estudiar. Este olvido selectivo no solo traiciona su propia historia, sino que envía un mensaje desalentador a las nuevas generaciones: el acceso a una educación de calidad ya no es un derecho garantizado.
La falta de responsabilidad política que han demostrado es alarmante. No solo han traicionado la confianza de quienes votaron por ellos, sino que han socavado la credibilidad de las instituciones que juraron defender. Al apoyar el veto, eligieron alinearse con el ajuste ciego y con un discurso tecnocrático que ve en cada gasto educativo un déficit en lugar de una oportunidad de inversión en el futuro.
Algunos podrían argumentar que esta decisión es simplemente el resultado de la disciplina partidaria. Sin embargo, este razonamiento es débil frente a la magnitud de lo que está en juego. No se trata de una simple partida presupuestaria, sino de una decisión que afecta directamente a miles de estudiantes y trabajadores universitarios. Esta votación sienta un precedente peligroso, ya que si se permite que el argumento del “equilibrio fiscal” prevalezca sobre el derecho a una educación pública y de calidad, ¿qué vendrá después? ¿Recortes en salud pública, transporte o el sistema previsional?
En conclusión, la actuación de Zapata, Orozco y Moreno ha demostrado que, cuando la política y el ajuste se cruzan, los discursos quedan relegados a un segundo plano. Al proteger un proyecto de austeridad en lugar de defender la educación pública, han revelado sus verdaderas prioridades. La educación no puede ser una moneda de cambio en la batalla por la austeridad; debe ser considerada una inversión esencial para el desarrollo y bienestar de toda la sociedad. Lo que queda claro es que sus acciones hablan más fuerte que sus palabras, y eso es un mensaje que no podemos ignorar. Informa Voces Críticas.