Por Julio Casanova
La comedia del Concejo Deliberante de Salta, entre la oratoria vacía y el show mediático
SALTA (Redacción Voces Críticas) El Concejo Deliberante de la ciudad de Salta ha entrado en una especie de letargo donde los temas de interés ciudadano parecen ser cosa del pasado. Desde hace un tiempo, el foco ha cambiado: ya no se trata de discutir las necesidades y preocupaciones de los vecinos de la capital, sino que los concejales se han transformado en auténticos oradores de la cosa vanal y sin sustento, con un estilo más propio de un teatro de revista que de un recinto deliberativo.
La situación es tan surrealista que, en lugar de propuestas concretas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, el público debe asistir cada miércoles a un espectáculo insulso, tan barato que, si fuera un circo y la entrada libre, igual sería caro asistir. Y de hecho que resulta caro, porque mantener a todos esos concejales en estado de inoperancia activa, es muy oneroso para el vecino capitalino.

Es una lamentable realidad que, en ocasiones, las sesiones se parecen más bien una competencia por ver quién se destaca más criticando al gobierno nacional, mientras un concejal libertario desde su última banca, en un papel de defensor acérrimo del presidente Javier Milei, se convierte en el protagonista de debates que se desvían de la realidad local.
Merece especial mención el caso del concejal José García Alcázar, quien ha decidido llevar su actuación circense a un nuevo nivel: ¡Ahora canta! Sin que nadie, ninguna autoridad del Concejo, le cante a él las cuarenta. Todavía los vecinos se preguntan qué significó aquella entonación de la cigarra bajo la tierra todo el año, tal vez, una recreación de su propia realidad que como decía la vieja fábula, la cigarra cantaba todo el año mientras los demás trabajaban. Cuando se dice “los demás”, es en referencia a los vecinos, obviamente.
En efecto, en lugar de abordar problemáticas concretas, se puede ver a García Alcázar, hablando a cámara, buscando atención mediática mientras suelta melodías que, aunque no están en la Orden del Día de la sesión, parecen ser la única propuesta que puede ofrecer. Así, el vecino termina preguntándose si la función de un concejal es entretener o representar.

Más allá, a unos codos de distancia, se encuentra otro animador de la pista, el concejal Martín Del Frari, que parece haber contratado un camarógrafo para que lo siga con la misma dedicación que la de un paparazzi que acosa a una estrella de cine. En este espectáculo, Del Frari despliega su capacidad histriónica en cada spot que público, donde se lo ve esforzándose por parecer verdaderamente interesado en los problemas que afligen a los vecinos, como si con su actitud de "besador de niños" pudiera disimular la ausencia de acciones concretas.
Otro personaje que talla en el elenco de esta tragicomedia es, Guillermo Kripper, de quien proyectos o trabajos dedicados al Concejo Deliberante se desconocen, pero que cada mañana en la pantalla televisiva despliega un show de variedades con preocupaciones ciudadanas como por ejemplo “La mujer de fulano le da permiso para viajar a ver a Central Norte”, a lo cual el apesadumbrado vecino, les pregunta: “¿Seré cornudo?”. Drama existencial más importante para Kripper que el barro donde debe chapotear doña Lola cada mañana para llevar a sus hijos a la escuela.
Esta afición por el baile matutino en televisión y su capacidad para hacer chistes baratos, han convertido a Kripper, en un mediático conocido entre los ciudadanos, aunque su faceta como legislador sigue siendo un misterio.

Dicho sea de paso, el dicho Kripper, comparte escenario con el diputado Vitín Lamberto, casi en un remedo de aquel famoso dúo “Los locos de la risa”. Será que Lamberto se distrae en la televisión, a veces moviendo los brazos como gallina bataraza, que termina proyectos de ley que ni siquiera ha leído, como supo reconocerlo públicamente. Esto revela que Lamberto tiene una desconexión entre los intereses de la población y su tarea legislativa.
En conclusión, el Concejo Deliberante de Salta se ha convertido en un escenario donde la política se ha vuelto espectáculo, y donde las voces de los vecinos han sido ahogadas por la música de la frivolidad y el entretenimiento.
Los ciudadanos merecen representantes que se dediquen a sus problemas, no a su propia fama. Queda alentar la esperanza de que algún día, más que un circo, el Concejo vuelva a ser un lugar de verdadera deliberación y acción en beneficio de la comunidad.
Mientras tanto, al ciudadano capitalino no le queda sino reír ante el espectáculo que, aunque trágico, no deja de ser hilarante. Informa Voces Críticas.