Por Franco Alvarado
Rosario de la Frontera: ¿Candidatos o casting para el crimen organizados?
SALTA (Por Franco Alvarado) La oferta electoral para estas próximas elecciones viene bastante pobre, hay que decirlo. Cuando no se trata de ilustres desconocidos que no garantizan nada, ni bueno ni malo, lo cual resulta en la incertidumbre de parecerse esto a la compra de un container cerrado y adentro puede haber cualquiera cosa, como en el caso de Rosario de la Frontera, viene compuesta por un combo que más que candidatos se parece a un casting para presidir alguna fracción del hampa.
La boleta a sufragar por los rosarinos tiene más de parecerse a un casting para un reality de exconvictos que una contienda democrática seria. Entre los candidatos que se disputan el poder, se perfila una fauna de personajes cuyo prontuario parece ser su mayor carta de presentación. Lejos de propuestas o ideas para mejorar la ciudad, lo único que podrían garantizar es un espectáculo digno de una serie de Netflix sobre corrupción y violencia.
Ni qué decir del exintendente, Gustavo Solís, cuya película podría ocupar el “prime time” con el título “Del municipio al banco (Propio)”, o una remake local de “El Gran Golpe”. Cualquiera puede preguntarse para qué desea Solís volver al ruedo sino con la intención de volver a controlar los recursos municipales como si fueran su cuenta personal. Durante su gestión, las denuncias por desvío de fondos, cobro indebido de planes sociales y malversación de fondos públicos fueron una constante. Es difícil imaginar cómo pretende convencer a la ciudadanía de que esta vez no va a hacer lo mismo. Si algo nos enseñó su paso por la intendencia, es que cuando el río suena, es porque las arcas municipales están más secas que nunca.
Pero la palma de los premios a la mejor producción en el género policial se la lleva, Kudeelp Sing, con “Voto o Plomo”. Y sí, es que si alguien pensó que ya se había tocado fondo, la candidatura de Kudeelp Sing demuestra que siempre se puede caer más bajo. Acusado de asalto a mano armada en banda, protagonizó un robo a una empresa que quedó registrado por las cámaras de seguridad. Lejos de ocultarse o intentar redimir su imagen, ahora se postula para representar a los ciudadanos. En cualquier otro lugar, un antecedente así lo inhabilitaría automáticamente. Pero en Rosario de la Frontera, parece que el requisito para ser candidato es haber pasado más tiempo en tribunales que en reuniones políticas.
Ante semejante panorama, la ciudadanía de Rosario de la Frontera se enfrenta a un dilema: resignarse a elegir entre candidatos cuya relación con la legalidad es, cuanto menos, dudosa, o manifestar su hartazgo de otra manera. En una democracia real, la política debe ser un espacio para el servicio público y el bien común, no un refugio para los que huyen de la justicia.
Las elecciones deberían ser una oportunidad para mejorar el destino de un pueblo, no una tragicomedia donde los protagonistas tienen más causas judiciales que propuestas. La gran pregunta es: ¿Seguirán los vecinos de Rosario de la Frontera normalizando esta realidad o finalmente dirán basta? Informa Voces Críticas.