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El Gobierno resta fuerza al paro general pero deja abierta una vía de diálogo con la CGT
ARGENTINA (Redacción Voces Críticas) El Gobierno Nacional reaccionó con dureza al paro general convocado por la CGT, afirmando que no modificará sus políticas económicas ni negociará bajo presión. Desde Casa Rosada minimizaron el impacto real de la medida y atribuyeron motivaciones políticas a los sectores sindicales más radicales. A pesar de esta postura, el oficialismo intenta diferenciar entre el sindicalismo combativo y el dialoguista. La estrategia responde a la necesidad de no romper vínculos institucionales con todos los gremios.
Desde el Gobierno Nacional se insiste en que la medida de fuerza no alterará la hoja de ruta económica trazada desde el inicio de la gestión. En su diagnóstico, la huelga forma parte de un armado opositor que busca desgastar al presidente Javier Milei en pleno ajuste. Acusan a sectores kirchneristas de motorizar el conflicto sindical como parte de una ofensiva electoral anticipada. En este contexto, el paro es visto como una herramienta de presión política más que como un reclamo laboral legítimo.
La central sindical, por su parte, definió el paro como un “éxito contundente” y advirtió que podrían repetirse medidas similares si no hay respuesta a sus demandas. Entre los puntos centrales figuran la reapertura de paritarias, la reincorporación de despedidos y el rechazo a la reforma laboral propuesta por el oficialismo. La CGT considera que el modelo económico perjudica a los trabajadores y consolida la desigualdad.
El ala política del Gobierno Nacional apuesta a retomar el diálogo con gremialistas históricos, como parte de una estrategia más amplia de negociación institucional. Guillermo Francos y Julio Cordero encabezan las gestiones con sectores como UPCN, Obras Sanitarias y Sanidad. El objetivo es acordar puntos básicos de una futura reforma laboral que contemple consensos mínimos. En paralelo, se trabaja para aislar a los sectores más confrontativos de la CGT y desactivar su capacidad de movilización.
En el oficialismo consideran que mantener canales abiertos con el sindicalismo no implica ceder ante las presiones. La lectura es que un eventual pacto con los gremios moderados podría ordenar el frente laboral y reducir tensiones callejeras. Aunque no hay una mesa formal abierta, se multiplican los contactos reservados con figuras gremiales afines. Informa Voces Críticas.