Lo sacó a la luz
La obsesión de Isabel Preysler que desató el fastidio oculto de Mario Vargas en su relato
La ruptura entre Isabel Preysler y Mario Vargas Llosa sigue dejando tela para cortar, sobre todo tras la publicación del cuento Los Vientos, del escritor peruano, donde muchos lectores han detectado claras referencias a su vida personal. En especial, hay una crítica sutil, pero evidente, a ciertas costumbres que habrían incomodado profundamente al autor durante su convivencia con la socialité.
Uno de los aspectos más comentados del relato gira en torno a un personaje masculino en la etapa final de su vida que reflexiona, con remordimiento, sobre haber dejado a su esposa de toda la vida por una mujer que no valía tanto la pena. La alusión a Patricia Llosa, su exesposa, es evidente, especialmente al llamarla "Carmencita", su segundo nombre.
Pero lo que más llama la atención es la crítica velada a una manía muy particular de Isabel Preysler como lo es su obsesión con las cremas y los cuidados estéticos. Vargas Llosa describe, en un pasaje del cuento, a personas que destinan gran parte de su dinero en lociones, tónicos y tratamientos para frenar el paso del tiempo, dejando entrever un juicio poco favorable hacia esa búsqueda de eterna juventud. Informa Voces Críticas.
Durante los ocho años que compartieron juntos, Vargas Llosa vivió en la casa de Puerta de Hierro, donde también convivía con Tamara Falcó, hija de Preysler. No sorprende que en Los Vientos también se encuentren referencias indirectas que podrían apuntar a la marquesa de Griñón, especialmente en los pasajes que ironizan sobre los títulos académicos que mezclan cocina, filosofía y religión.
Más allá del humor y la sátira, queda claro que al Nobel de Literatura no le resultaba del todo cómodo ese entorno tan centrado en la imagen y el cuidado estético. En el cuento, el narrador incluso se burla del hecho de que le preguntaran si usaba protector solar o cremas, detalles que, aunque anecdóticos, revelan un choque cultural y de prioridades entre él y la Socialité.
Este relato ha vuelto a encender las redes y los medios, donde muchos interpretan las líneas de Vargas Llosa como una especie de catarsis literaria tras una separación mediática. Lo que queda claro es que, aunque la historia de amor terminó, los ecos de aquella relación aún resuenan en su literatura, mostrando otra faceta del vínculo que cautivó a la prensa del corazón.