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INDEPENDENCIA EN CORONAVIRUS

9 de Julio de 2020: aniversario del nacimiento de una patria aún en ciernes

Amar la patria aún en el dolor de los acontecimientos actuales, con el alma, honor y gloria

Casa de Tucumán

ARGENTINA.- (Por María Carolina Mena Saravia) Una nueva fecha patria deshoja el calendario anual. En este 9 de julio de 2020, helado e invernal, volvemos a conmemorar el nacimiento de nuestra patria libre en un escenario nada habitual. No somos la excepción a un mundo que, en los casos más halagüeños, está convaleciente de la pandemia causada por el coronavirus, y la mayoría de nuestro continente americano se encuentra atravesando los picos más crudos del virus que mantiene en vilo a todo el orbe, y cuando hablamos de vilo lo hacemos en el más estricto sentido sanitario, económico, afectivo y moral, porque el mundo encalló un brusco e imprevisto freno a su trajín natural, con todo lo que ello implica.

A nuestro querido país nada le fue fácil, ni siquiera en los albores, cuando las cuadrículas españolas dominaban el paisaje natural de las ciudades, con la plaza en el centro y las calles enripiadas o cubiertas de lodo, si acaso el cielo se descosía en copiosas tormentas. Aunque en 1810 una circunstancia que obedecía a política exterior (la deposición del rey Fernando VII y su reemplazo por el francés José Bonaparte) acortó distancias en los ánimos emancipatorios, no logró contenerlos pero sí enmascararlos.

Transcurrieron seis años para que un 9 de julio se declarara la independencia, durante la celebración del Congreso de Tucumán al que habían sido convocadas las Provincias Unidas del Río de la Plata por el director supremo interino, José Ignacio Álvarez Thomas, iniciado el 24 de marzo de 1816. Asistieron los representantes de todas las provincias argentinas, mas no dijeron presente los de Santa Fe, Corrientes, Entre Ríos y los de la Banda Oriental.

Los que sí concurrieron fueron los enviados de algunas provincias del Alto Perú: Cochabamba, Charcas, Tupiza y Mizque. Con este crisol de pueblos, que ansiaba convertirse formalmente en nación libre y soberana, la patria nació formalmente, aunque en los hechos venía ensayando variados y diversos pasos de baile desde tiempo atrás.

¿Por qué fue elegida Tucumán como sede del Congreso? El eminente profesor tucumano, escritor y periodista Julio P. Ávila responde el interrogante con la claridad que lo caracterizaba en su libro de culto “La ciudad arribeña Tucumán, 1810-1816 Reconstrucción histórica”: “… la razón de la medida fue que de esa manera se recompensaba a esta provincia de los enormes sacrificios hechos durante la guerra, a la vez cómo Buenos Aires quería llevar el convencimiento a sus hermanas, el haber procedido siempre, desde el día de la revolución, sin egoísmos de ninguna naturaleza, y sin otro fin que salvar la libertad tantas veces en peligro. Fue pues, una resolución altamente política y de verdadero estímulo, en especial para las provincias del norte”.

La silla de gobernador en Tucumán estaba ocupada por el coronel Bernabé Aráoz, que transitaba su primer gobierno desde 1814 a 1817. Pasaron poco más de tres meses desde la apertura de sesiones del Congreso de Tucumán, cuando el 9 de julio de 1816 se declaró la independencia. El acta, de considerable extensión, se halla plasmada en el “Álbum general de la provincia de Tucumán en el primer centenario de la independencia argentina”, más conocido como “Álbum del centenario”, infaltable en todo hogar tucumano de antaño, una exhaustiva recopilación de historia, fotos y hechos políticos transcurridos en cien años de historia de nuestra novel nación:

"NOS. los Representantes de las Provincias Unidas de Sud América, reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside el Universo, en el nombre y por la autoridad de los pueblos que representamos, protestando al cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unánime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que la ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan, en consecuencia, de hecho y de derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias…".

Ese “rayo de luz”, como lo denominó el doctor Servando Viaña durante “la hermosa pieza oratoria” pronunciada en la manifestación frente a la plaza Independencia para pedir al gobierno federal “la rectificación de su propósito” de no centralizar en Tucumán los actos conmemorativos del Centenario de la Independencia, fue la chispa que encendió el ánimo de un pueblo ávido de libertad, henchido de honor y gloria, pese a la sangre que tiempo después correría en los terribles enfrentamientos hermanos de un pueblo que aún continúa con el escarnio de la llaga expuesta al dolor más lacerante y cruel de un incierto presente y, peor aún, a juzgar por los acontecimientos actuales, un nada halagüeño futuro. Dios y el tiempo tienen la última palabra.

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