Tu voz, nuestra razón de ser.
jueves 4dejuniode 2026

Por Julio Casanova

Qué está pasando que no pasa nada

A un mes de las elecciones en Salta, el silencio no sólo es ensordecedor: es inquietante
Qué está pasando que no pasa nada
Qué está pasando que no pasa nada
martes 08 de abril de 2025

SALTA (Por Julio Casanova) A un mes de las elecciones en Salta, el silencio no sólo es ensordecedor: es inquietante. Las calles están despojadas de todo indicio de contienda electoral. No hay actos, ni caminatas, ni discursos. Apenas algunas publicaciones desganadas en redes sociales, alguna que otra imagen retocada con inteligencia artificial, y un par de spots que no dicen mucho más que lo que sugiere el algoritmo. Si uno no estuviera mínimamente informado, ni se enteraría de que en mayo se vota.

La apatía del electorado es directamente proporcional a la apatía de la dirigencia. Muchos salteños ni siquiera saben que hay elecciones en puerta. Menos aún conocen qué cargos se eligen o quiénes son los candidatos. Es como si el proceso electoral se hubiera evaporado en una bruma de indiferencia. ¿Qué está pasando, entonces, que no pasa nada?

La poca actividad proselitista, si así se puede llamar, se resume a críticas, acusaciones, impugnaciones, o el conocido “carpetazo”. Pareciera que la consigna es destruir al otro, pero la gente está esperando discursos esperanzadores, ideas, propuestas. Claro, sin candidatos ofrecidos, menos puede haber propuestas.

¿La inmediatez como anestesia?

Son tiempos de vértigo. Todo es aquí y ahora. La política, como tantas otras cosas, parece haberse rendido ante la lógica de la inmediatez. Si no pasa en las redes, no pasa. Si no genera engagement, no vale la pena. Y si no se puede medir en clics, mejor ni intentarlo. Así, el ejercicio democrático se diluye entre reels y memes, y la campaña pierde ese carácter de encuentro con el otro que alguna vez supo tener. Se deja de caminar el territorio, se deja de escuchar. Se deja de construir ciudadanía.

En este escenario, muchos candidatos parecen haber apostado todo a lo digital. Pero las redes, por sí solas, no alcanzan. No generan mística ni compromiso. Son herramientas, no atajos. Y cuando la estrategia se reduce a una pantalla, lo que se erosiona es el vínculo directo con la comunidad. La política se vuelve un eco sin cuerpo. Una voz sin presencia.

De esta forma, se corre el riesgo de generar una democracia sin alma. Pero lo más grave no es la falta de campaña: es lo que eso implica. Una elección sin propuestas, sin debate, sin confrontación de ideas, no es una fiesta democrática. Es un trámite. Un acto burocrático al que se llega por inercia. Y cuando la ciudadanía percibe que no hay nada en juego, el sistema entero empieza a vaciarse de sentido. La democracia no muere de un día para otro. Se va apagando, lentamente, en la rutina de lo intrascendente.

La falta de ruido también puede ser una estrategia. Cuando no hay discusión pública, cuando no hay campañas claras, cuando nadie sabe bien qué se vota, se favorece al aparato, al que ya está instalado, al que juega con la confusión. El bajo nivel de información y participación reduce el margen de sorpresa, y eso nunca es casual. La política del silencio es también una forma de control.

Hay que prender la luz. Hay que sacudir la modorra cívica. A un mes de las elecciones, urge que los candidatos salgan del letargo, que se animen al debate, que vuelvan a caminar los barrios. Y que el electorado despierte. Porque si no pasa nada, entonces puede pasar cualquier cosa. Y en democracia, la pasividad es el primer paso hacia el vacío. Informa Voces Críticas.