POR CAROLINA MENA SARAVIA PARA VOCES CRÍTICAS

Los increíbles misterios de los éxtasis de santa Teresa de Jesús

Santa Teresa de Ávila, la primera santa de la Iglesia católica que lleva ese nombre, murió un día como hoy del año 1582. Su vida fue un motor fundador, verdadero ejemplo de tenacidad y empeño.
martes, 15 de octubre de 2019 · 17:44

SALTA.- (Por Carolina Mena Saravia para Voces Críticas) La iglesia de Santa María de la Victoria, en Roma, conserva una de las grandes esculturas del barroco, “El Éxtasis de Santa Teresa”, realizada entre 1645 y 1652 por el gran maestro napolitano Gian Lorenzo Bernini.

Basta ver la dulzura del ángel a punto de asestar una flecha al corazón de una Teresa arrobada por el amor en posición ascendente, flotante. Tamaña maestría en la ejecución solo pudo provenir de las manos de Bernini, digno sucesor de Miguel Ángel. No solo se trata de la talla en el mármol, que fue moldeado como si de seda se tratara, sino la particularidad que registra la escena: la cualidad de traspasar el trampantojo de la realidad para convertir al espectador en un testigo presencial y espiritual del arrobamiento de la santa.

La primera transverberación o éxtasis se produjo en abril de 1560, pero se sucedieron durante dos años y medio sin interrupción (entre 1559-1661). Así describiría Teresa su sentir en el libro “Vida”, el primero que escribió y quizá el más espontáneo, el que refleja plenamente su personalidad, una suerte de biografía con enseñanzas para introducirse al mundo de la oración. “[…] Veíale en las manos [del ángel] un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios”.

Poeta y fundadora

Teresa Sánchez de Cepeda Dávila y Ahumada nació en Ávila el 28 de marzo de 1515. De niña gustaba leer, sobre todo sentía gran afición por los libros de caballería, hecho que despertó su imaginación e inteligencia, ya que no recibió educación en latín, ya que solo estaba reservada a los varones. Ingresó en el convento de la Orden de San Agustín donde las religiosas de la orden preparaban a las aspirantes a casamiento enseñándoles labores y prácticas de oración. Fue allí donde decidió que su vocación estaba en la vida religiosa y no en el casamiento.

Ingresó al Convento de la Encarnación, de la orden carmelita de Ávila, el 2 de noviembre de 1535 y profesó como religiosa el 3 de noviembre de 1537. Los problemas de salud signaron su vida, pero no su espíritu reformador y fundador. En 1560 Teresa decide fundar un nuevo convento reformado, observando las reglas originales de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, a fin de retornar a la austeridad, clausura y disciplina en la pobreza que caracterizaba desde siempre el verdadero carisma carmelita. Surgen así el Convento de San José en Ávila y la Orden de las Carmelitas Descalzas, obra monumental que se multiplicó en todo el mundo.

Su vida riquísima en anécdotas y testimonios quedó plasmada en obras de su autoría y en sonetos de belleza extrema y honda espiritualidad. Entregó su alma al Creador un 15 de octubre de 1582, a los 67 años. Su cuerpo permaneció incorrupto muchos años luego de su muerte, y las reliquias de sus restos se encuentran diseminadas por conventos e instituciones de todo el mundo. Su sepulcro está custodiado por nueve llaves, tres de las cuales se encuentran en poder de la Casa de Alba.

 

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