2024-12-24

Por Ernesto Bisceglia

Un cuento de Navidad… pagana: De Barrabás a Papá Noel

SALTA (Por Ernesto Bisceglia) Las horas previas a la Navidad suelen tener ese qué se yo…; que desatan una fiebre que altera la conducta de las personas. Un experimento social interesante es pararse en una esquina céntrica al azar y observar. Desde muy temprano, las calles se atiborran de cristianos y no creyentes convirtiendo al paisaje urbano en un símil de una colonia de hormigas a las que les patearon el hormiguero.

Las veredas atestadas de personas que vagabundean buscando algo con sus facciones alteradas. La mayoría camina reconcentrada, con la mirada perdida en un punto insondable que le permite a uno imaginar la preocupación que domina su lóbulo frontal: El lechón, el pan de miga, el peceto para el vitel toné, el pollo, el regalo…

Navidad

Como diría el poema, uno en cambio, “Camina plácido entre el ruido y la prisa, y recuerda qué paz puede haber en el silencio", mientras el aire se enrarece con un clima tenso que lleva a dos señoras gordas que en la estrecha vereda. del Mercado San Miguel rozan sus codos a reaccionar profiriéndose una cascada de epítetos nada navideños Más allá, largas colas de parroquianos que superarían hasta setenta metros, aguardan bajo el implacable sol, tornándose color caraguay, para ingresar a la panadería, a la fiambrería oa la carnicería que ha puesto carteles que dicen “OFERTA”… al mismo precio que tenían sus productos el día anterior.

Todos se muestran ganados por una pandemia de consumismo desatado, como si un virus extraño infectara a la población, convirtiéndolos en autómatas, con ojos inyectados en sangre y bolsas de compras colgando de sus brazos, tantos que son días en que los seres humanos deberían tener. cuatro, quizás seis brazos para llevarlas a todas. De pronto, pareciera que hasta desarrolla capacidades físicas extraordinarias que sorprenden cuando uno observa a esa matrona que porta un “pack” de gaseosas en su mano derecha, un bolso sobre el mismo hombro mientras en la siniestra se balancea acompañado su paso un paquete de pan. de miga.

Buscando encontrar algún signo de cordura, ingreso en una casa de electrodomésticos para observar y de paso congraciarse con el aire acondicionado, pero el espectáculo es el mismo… quizás peor. Basta mirar un rato para comprobar cómo los estantes se vacían a velocidad de vértigo, y los clientes pelean por los últimos productos como si fuera el último rollo de papel higiénico en tiempos de una epidemia de Escherichia coli. Tal si fuera un campo de entrenamiento de tiro se escucha el monotono tableteo que suena: “ése”, “ése”, “ése”, de los exaltados compradores que pujan señalando con el índice para ganarse el celular, el parlante con luces o lo que mar.

Luego, parado en la puerta del establecimiento, es posible observar la línea de compradores que salen portando desde una licuadora hasta la caja de un TV Smart de vaya a saber qué cantidad de pulgadas. Lo curioso, es que los de apariencia más humilde son los que se llevan los productos más caros. Como quien no quiere la cosa, uno se acerca a la caja de una conocida casa de artefactos de todo tipo y escuchando comprueba como hay gente que empeña poco menos que su casa por un televisor de última generación o se endeuda hasta las cejas por un juego de sartenes.

Veo a un esmirriado muchacho de alpargatas cuyos flecos denuncian los años de uso, trenzado con el dependiente haciendo cuentas para alargar el plan de cuotas por el Smart TV de 85 pulgadas, mientras le dice "Es para los chicos", aunque su vivienda tal vez Tenga paredes más pequeñas que la pantalla.

¿Será que Papá Noel logra lo que ningún político puede? Que el vulgo alcance poder adquisitivo y sea feliz.

Deberíamos pensar en votar a Papá Noel en las próximas elecciones. ¡Viva la Navidad carajo, jojojojojojo!

Justamente, comprobamos que el verdadero protagonista de esta farsa es Papá Noel, que desde 1930 cuando la Coca Cola lo impuso como su propaganda y se adueñó de la Navidad, ese gordito barbudo, con una sonrisa inocente, incita a gastar más y más, mientras sonríe cómplice desde los escaparates de los negocios.


El Papá Noel es como un gurú del consumismo, capaz de unir a ricos y pobres en un mismo objetivo: adquirir compulsivamente bienes materiales. Y lo mejor de todo es que, gracias a él, se produce una curiosa movilidad social. En nuestro barrio, Doña Gladys, por ejemplo, la vecina que nunca paga la luz, cuelga en el frente luces que bien podrían alumbrar un estadio de fútbol. Mi otro vecino, Raúl, que es empleado de la ferretería y la semana pasada decía que “este año no voy a gastar en pavadas”, se tironea con una señora por el último paquete de espumantes en oferta. No importa que su heladera esté vacía el resto del año, ¡es Navidad! ¿Cómo celebrar sin un brindis digno de Instagram?

Navidad

La Navidad es también tiempo de redención, por eso, Mabel, la del frente, le está comprando una consola de videojuegos a Juanito, el menor que no terminó el año porque quedó libre por faltas, porque “hay que motivarlo”, dice. En las propias familias también ocurren estas cosas. En nuestro caso, mi primo Gerardo cuenta que su hijita, Sofi, quería una bicicleta, pero como no sabe andar prefirió comprarle un unicornio interactivo que no sabe montar pero que grita "¡te amo!" en cinco idiomas. Una dulzura la nena.

La canícula ya anuncia el mediodía y más allá, en la puerta de una galería de “bolis” -dice una señora (Menos mal que ya no existe el INADI), una paisana plurinacional vende baratijas entre las que se destaca el Mentisán, ese “ curatodo” cuyo penetrante olor nos recuerda al añorado “Untisal” de nuestra época, que mayoritariamente las señoras compran “porque están baratas”, no importa qué son ni para qué van a servir.


Así adviene la noche, con las mesas abarrotadas de comestibles y confituras cuyas calorías son propias de Rovaniemi, la mítica ciudad donde habita Papá Noel en el Círculo Polar Ártico, en esta ciudad del norte argentino donde el pavimento todavía exhala los restos de los 35 grados. de la jornada que termina. Para la medianoche, mientras el Niño ya va nacer (Aunque ni Pesebre tengan), el abuelo ya se durmió en la silla y tres tíos ya tienen la nariz como el Payaso Acuarela. Habrá algunos “renos” sentados a la mesa también, mientras afuera, chicos y grandes, violan alegremente la ordenanza de “Pirotecnia Cero”.

En el medio, se yergue esbelto el abeto de plástico que este año costó más que toda la mesa navideña. Ni qué decir de las pelotitas y los adornos. Los Magos de Oriente que visitaron a Jesús traían ropajes más baratos.

¡Y aquí está el problema!

¿Y el Niño Jesús?

Con la misma vocación de curiosidad visité los tres templos más importantes de la zona céntrica. En todos ellos, ajenos a la frivolidad desmadrada que reina afuera, la Sagrada Familia y el Niño, que parece haber nacido con nueve kilos, porque nunca guarda proporción con María y José, tienen el rostro hierático, la mirada perdida en la penumbra del recinto. , como azorados de tanta soledad e indiferencia.

En la Iglesia de La Merced, donde cuando niños desde temprano las familias del vecindario iniciaban esta Jornada llevándonos a echar alguna oración para iniciar el día, hoy, encuentro delante del Pesebre, sólo a una anciana que masculla frente a las Imágenes algo parecido a un rezo. Los pasos regresan por las bóvedas neogóticas. Nadie, absolutamente nadie se recoge frente al Niño que nace.

Mientras afuera, en las calles se derrama la multitud atiborrando negocios, endeudándose hasta el escarnio para -paradójicamente-, celebrar la simpleza de la Navidad, el Niño, abre sus brazos al Mundo en el vacío más extremo. En la apatía más lacerante. La Buena Nueva ya no es el Nacimiento del Redentor sino el bono extra del gobierno.

Irónicamente, se repite la escena de Belén… Sólo la Sagrada Familia. O quizás peor, porque en los templos no están ni los animales.

En la Pascua, le dieron a elegir al vulgo entre el Cristo y Barrabás. Y la plebe elegida al ladrón, Barrabás.

En la Navidad , entre el Niño Jesús y el muñeco cocacolero, la gente elige a Papá Noel. Informa Voces Críticas .

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