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POR ABEL CORNEJO PARA VOCES CRÍTICAS

LOS CUATRO SEPULCROS DE GÜEMES

Martín Miguel de Guemes. Fuente: Twitter
jueves 17 de junio de 2021

SALTA (Por Abel Cornejo para Voces Críticas) Como ocurrió casi con su vida entera, la existencia de Martín Miguel de Güemes estuvo rodeada de leyenda y mitos populares, que se mantienen hasta la fecha. Por ejemplo, la determinación del cebil colorado donde supuestamente murió, fue señalado por don José Asunción Nina, un gaucho centenario. A su vez, cuando llegó a Salta el célebre pintor Arístene Papi en 1901 a pedido del entonces director del Museo Histórico Nacional, Adolfo P. Carranza, el hijo de don José Asunción, Rubén, fue quien lo condujo hasta ese paraje para que el pintor pudiera inspirarse. Papi, fue quien pintó uno los dos óleos más famosos sobre la muerte de Güemes. Al otro, que enmarca el recinto de la Legislatura, es una laureada obra de Antonio Alice. En el mejor de los casos, José Asunción Nina tenía diez años cuando lo asesinaron al héroe gaucho. Sin embargo la tradición oral que él se encargó de difundir era que había combatido junto a Güemes. Otras versiones, dan como ciertos otros sitios sobre el lugar del deceso del caudillo, ocurrido el sábado 16 cerca de la medianoche o al amanecer del domingo 17 de junio de 1821; aunque otras fuentes dicen que fue el sábado alrededor de las seis de la tarde. Finalmente, ante falta de documentación que lo avale, se optó por el 17 de junio de 1821, como el día en que pasó a la inmortalidad quien fuera considerado el Padre de los Pobres. Entre esos otros sitios, siempre dentro de la misma zona, se menciona al paraje La Higuera; otras versiones apuntan a la Quebrada del Indio y finalmente a la Cañada de la Horqueta, donde actualmente se yergue el monolito, inaugurado en 1934.

Ahora bien, los restos de Güemes fueron conducidos a la iglesia del Chamical, que personalmente la había donado a instancias del provisor Figueroa, en donde se le dio sepultura por primera vez, el lunes 18 de junio de 1821. Esa pequeña capilla, está ubicada cerca del lugar de su muerte y de uno de sus cuarteles generales, en Finca la Cruz. En ese momento resultaba imposible inhumarlo en la ciudad de Salta, debido a que todavía estaba invadida, y el coronel alsaciano Jorge Enrique Vidt no había cumplido aún con el legado de expulsar los españoles para siempre, como lo hizo tiempo después. Salta estaba convulsionada, se designaron diferentes gobernadores una vez que fue recuperada. Entre ellos a Saturnino Saravia y José Antonino Fernández Cornejo, hasta que se pudo llegar a un acuerdo provisorio y se eligió para ocupar el cargo al fiel consejero de Güemes: José Ignacio Gorriti. Como un acuerdo entre las diferentes facciones se pudo sancionar la primera Constitución de la Provincia, el 9 de agosto de 1821, asamblea que fue presidida por Facundo de Zuviría, a quien le tocaría también conducir años más tarde la Asamblea General Constituyente de 1853, que un 1º de mayo promulgó la Constitución Nacional y se instaló la Confederación Argentina.

El 14 de noviembre de 1822, el gobernador Gorriti, dispuso tributarle funerales de Estado al general Güemes. Una larga marcha salió con las primeras luces del alba desde el Chamical hacia Salta, previo mudarlo de féretro. Se lo cubrió con una bandera de guerra y lo trajeron transportándolo en angarillas, es decir sujeto a gruesos tientos cruzados atados a cuatro caballos. Al caballo del caudillo se le quebraron las manos en muestra de dolor, para luego sacrificarlo y lo hicieron entrar a la ciudad con su apero y su sable atado sobre la montura. Varias salvas de cañonazos se dispararon a lo largo de la marcha triste. Participaron del cortejo fúnebre sus dos hijos supérstites de cinco y tres años, respectivamente: Martín Miguel del Milagro, luego gobernador de Salta y Luis. Ignacio, su tercer hijo, había fallecido antes de cumplir el año. Los sostenía de su mano el abuelo Domingo Puch, que se encargó de ellos hasta su muerte, debido a que su madre, Carmen Puch, había muerto en Horcones, el 3 de abril de 1822, seis meses antes de las honras a Güemes. Gente de Orán, Tarija, Jujuy y pueblos aledaños a Salta se dieron cita para participar del duelo en una inmensa procesión silenciosa con velas y antorchas. Se montó la capilla ardiente, primero en la vieja iglesia de los Monjes Mercedarios, en las actuales 20 de febrero y Caseros, entonces calles de la Estrella y el Comercio. Ese templo se destruyó con el terremoto de 1844. Al día siguiente se rezó un responso en la Iglesia Matriz, en cuya cripta fueron depositados.

Esa Iglesia que se mantuvo en pie hasta los primeros años del Siglo XX, fue luego demolida por diferentes daños estructurales. Cabe aclarar, que en la cripta donde estuvieron depositados los restos de Güemes durante ese tiempo ha quedado sellada. En la parte superior se erigía la Vieja Iglesia Matriz, que oficiaba de Catedral, pero luego fue demolida en 1905. No obstante que allí aún hoy están enterrados los restos del obispo don Benito de Moxó y Francolí, quien fuera titular de la diócesis de Charcas y cobijado por Güemes, pese a ser un acérrimo partidario del poder español y el ex gobernador intendente del Tucumán, don Esteban Urízary Arespacochaga, designado por el rey Felipe V, cuyo mandato se extendió entre los años de 1707 a 1724. Una pequeña localidad del Departamento de Anta lleva su nombre. De tal suerte que esa cripta sellada, que actualmente resulta imposible de ingresar, constituye un monumento histórico y antropológico que algún día deberá descubrirse, por encontrarse nada menos que en una de las esquinas de la Plaza 9 de Julio.

Posteriormente, el 14 de abril de 1877, aniversario de la célebre batalla de Puesto Grande que terminó encumbrándolo a la gobernación de Salta, mediante otra ceremonia oficial de gran envergadura, los restos del líder gaucho fueron trasladados al cementerio de la Santa Cruz, en donde descansaron hasta que se inauguró el Panteón de las Glorias del Norte, el 10 de octubre de 1918, lugar donde cuya urna conteniendo sus cenizas reposa hasta el presente. En ambas oportunidades, varios regimientos del Ejército más empleados públicos y una gran cantidad de gente que se congregó al efecto acompañaron el traslado. Sin embargo, el general Martín Miguel de Güemes debería esperar trece años, para que el 20 de febrero de 1931, y después de arduas disputas, se inaugurase su monumento.

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