POR GREGORIO CARO FIGUEROA PARA VOCES CRÍTICAS

Los gobiernos de familia fueron prohibidos hace 400 años

A la memoria del Juez Claudio Bonadio
jueves, 6 de febrero de 2020 · 20:22

SALTA.- (Por Gregorio Caro Figueroa para Voces Críticas) Hace 400 años, en el año 1619, el Rey de España Felipe III, prohibió expresamente que todos los cargos públicos sean desempeñados por los parientes o allegados de los virreyes y gobernadores de las posesiones de la corona en América. 

En un documento, el monarca señaló que, “para la buena gobernación” de las Indias Occidentales, esos cargos no debían ser ocupados por “ninguno de los deudos, parientes “dentro del cuarto grado”, criados, ni allegados de los virreyes, gobernadores, jueces y corregidores. Felipe III denunció ese mecanismo montado para lograr “prebendas".

El enriquecimiento ilícito, denunciado por Felipe III, era el estímulo para que los funcionarios pusieran empeño en tejer tupidas de redes de parentescos y amistades. El Rey señaló que estos funcionarios se “habían acostumbrado” a “anteponer a sus parientes, criados y familiares” al momento de cubrir esos cargos.

Como sucedía en la América española, “la ley se acataba pero no se cumplía”. Al parecer, cuando una orden real cruzaba el Atlántico se convertía en papel.

En 1662, cuarenta y tres años después de aquella prohibición de Felipe III, su hijo y sucesor Felipe IV se vio obligado a recordar aquella orden, exigiendo su cumplimiento. Lo hizo en una Real Cédula firmada el 20 de marzo de 1662.

El monarca señaló que esta orden no podría ser violada y que debía cumplirse “de forma precisa”. Se vio obligado a reiterar la orden de su padre ante gravedad de la corrupción que se extendía y copaba el aparato administrativo a través de estas redes de parentesco.

Los parentescos de las mujeres de los ministros, añade esa Cédula, “suelen ser más molestos, y de mayor perjuicio al gobierno público, que los deudos de los mismo maridos”. Este mismo problema se presenta en el caso de sus nueras y yernos, cuyos casamientos se arreglan especulando con la obtención de esos cargos. Las cartas de recomendación abrían las puertas a esos nombramientos.

Felipe IV señala que ninguna de esas recomendaciones puede ser tenida en cuenta para facilitar el acceso a cargos a las personas recomendadas. En este mecanismo de favoritismo y corrupción, el Rey encuentra “la raíz, y principio de todos los males que incluye la avaricia y codicia de los Ministros”. Con el apoyo de esos vínculos se suele “negociar con Jueces y Ministros”.

El Rey termina diciendo que esa orden suya sea cumplida era necesario y conveniente que “la justicia florezca y el buen gobierno se conserve”. Cualquier violación de esta orden, añade, “serán castigados, con tal demostración, y severidad, que sirva de ejemplo a otros”.-

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(*) El texto completo de esta Cédula Real se transcribió en el libro “Reales Cédulas y Provisiones. 1517-1662”. Tomo I, página 454. La obra fue editada por el Archivo de la Nación Argentina en el año 1911.

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