Muy penoso
Rey Carlos III, sin escrúpulos: decide subastar este valioso objeto de la reina Isabel II
A pocos meses del primer aniversario de la muerte de la reina Isabel II, la figura más emblemática de la monarquía de Reino Unido, se reveló que será enviado a subasta uno de los objetos más valiosos de la difunta monarca. Además de desligarse del cuidado de sus perros y sus caballos, su hijo pretende deshacerse de esta importante pieza de colección.
Se trata del Jaguar X Type Estate, un vehículo que perteneció a Isabel II y que fue parte de su espectacular colección de autos. Según trascendió, este coche fue ofrecido a una firma de subastas que aún está evaluando el precio que le pondrá debido a que se trata de una reliquia histórica y que fue uno de los primeros diseños que creó Iam Callum, una reconocida marca de automotores.
Pese a la nostalgia que causa en los fanáticos de la reina Isabel II, lo cierto es que Carlos III no parece mostrar inconvenientes en librarse de los objetos personales de su madre. De hecho, no es la primera vez que este vehículo se ofrece en una subasta. Anteriormente fue comprado por Chris Evans, reconocido presentador de televisión, quien tiempo después lo donó a una organización sin fines de lucro.
En esa primera subasta, el espectacular auto de la difunta reina Isabel II fue vendido por 58 mil euros; sin embargo, se espera que dicha cifra sea superada en esta nueva subasta. El precio final se conocerá el próximo 22 de julio, cuando la firma a cargo de este valioso objeto inicie su venta. Informa Voces Críticas
En cuanto a la colección de autos de la reina Isabel II, tampoco es el primer ejemplar del que se deshace el rey Carlos III. Hace dos meses atrás se subastó un Land Rover modelo 68, que también perteneció al príncipe Felipe. El precio que se pagó por este coche osciló entre los 70 y 100 mil euros y generó un gran interés debido a que fue el mismo que la pareja real utilizó en su gira por Irlanda, hace varias décadas atrás.
El gusto de la reina Isabel II por los vehículos y por conducir surgió cuando participó en el Servicio Auxiliar Territorial del Reino Unido, durante la Segunda Guerra Mundial. Durante esa experiencia, Lilibet aprendió mucho de autos, sobre todo a cómo repararlos y a conducirlos. La monarca británica ni siquiera necesitaba licencia de conducir, debido a que era ella misma quien aprobaba ese tipo de permisos.