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POR CAROLINA MENA SARAVIA

9 de Julio de 1816: el día que desapareció la Casa Histórica de Tucumán

La historia poco conocida de la “otra casa histórica”, el templete que cobijó el salón de la jura de nuestra independencia

9 de Julio de 1816: el día que desapareció la Casa Histórica de Tucumán
jueves 08 de julio de 2021

SALTA (Por Carolina Mena Saravia) No todo es lo que parece ser. Sucede en la vida diaria, en las conductas de las personas, en las finanzas, y sobre todo en el ejercicio de la política, entendiéndola como el “arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados”, acepción brindada por la Real Academia Española. La Casa Histórica de Tucumán, aquella morada sencilla con rigurosidad colonial en su estilo, pero con la gallardía que tenían los edificios habitados por las familias principales de la época, no podía ser la excepción a tan injusto destino.

Un 9 de julio de 1816 fue el día en que el Congreso de Tucumán votó por la independencia, con “voluntad unánime e indubitable” de “romper los violentos vínculos que la ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del Rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”, como lo expresara el Acta de la sesión del 9 de Julio.

“En 1816 era la Casa, que con tanta justicia apellidamos Histórica, uno de los mejores edificios de la ciudad doblemente notable, tanto por la calidad de la familia a quien pertenecía y que la habitaba, como por el aspecto exterior del mismo, que publicaba bien alto el preclaro abolengo de sus poseedores”, expresa en estas consideradas líneas el “Álbum general de la provincia de Tucumán en el primer centenario de la Independencia Argentina”, emblema de la serie de festejos que se montaron en la provincia con motivo de los cien años de la declaración de independencia.

Salón del Congreso de 1816

Consigna en sus páginas también que “el salón donde tuvieron lugar las magnas asambleas se encuentra algún tanto modificado por haberse demolido la galería del frente en el primer patio, y que era igual a la existente en el segundo sostenidas ambas por columnas de quebracho colorado bien labrado”.

Silencios aturdidores

Una vez finalizadas las sesiones del Congreso de Tucumán, el hito en la historia argentina no tenía celebración alguna. Los salones de la casa en la que se habían forjado los cimientos de la Argentina, por entonces Provincias Unidas del Río de la Plata, guardaban fríos recuerdos de algarabía teñidos de gélidas indiferencias.

Así sucedió hasta que en 1878 se realizó por primera vez una conmemoración del acontecimiento histórico, celebrándolo con una visita al salón de la jura y recordando la memoria de los congresales que declararon y firmaron de puño y letra la libertad. Los silencios volvieron a aturdir el latir del pueblo, con excepción de las conmemoraciones de 1888 y de 1891, a instancias del gobernador Quinteros y de la Sociedad Sarmiento, respectivamente.

Al rescate del patrimonio histórico

El 25 de abril de 1874, el tucumano Uladislao Frías, ministro del Interior por aquellos años, verificó la compra del edificio que pasó a pertenecer a la Nación, respaldándose en la ley promulgada por el Congreso dos años antes. Los descendientes de doña Francisca Bazán de Laguna, Fernando S. de Zavalía, Gertrudis y Amalia Zavalía, junto con Carmen de López, en calidad de herederos, fueron los vendedores.

Antigua fachada de la Casa Histórica. Fotografía tomada por don Ángel Paganelli en 1839

Pasaron tres meses cuando, en junio de 1874, siendo “Presidente Sarmiento y el Ministro Frías decretan la licitación de las obras, consistentes en la demolición, excavación y construcción de dos salones y un zaguán al frente y cuatro salones más sobre el patio”. El salón de la jura conservaba todavía las voces de libertad en sus paredes, y así permaneció hasta la actualidad.

El 2 de marzo de 1876 se acepta la propuesta de “los señores Ramón Berroa y Cabinal (español) por la suma de pesos fuertes 8.700”, reseña el “Álbum”. Así, como si se hubiese tratado de uno de los famosos trucos del mago David Copperfield, “desapareció” la Casa Histórica de Tucumán en un abrir y cerrar de ojos. La obra finaliza diez meses después y se destina el nuevo edificio para el Juzgando Nacional y la oficina de Correos y Telégrafos.

En 1943 el pabellón neoclásico, adornado con altas palmeras que pocas memorias registran, fue demolido, y la Casa Histórica se reconstruyó conforme a planos y documentos originales. La obra estuvo a cargo del arquitecto Mario José Buschiazzo, sobrino del eminente ingeniero y arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, que también se encargó de restaurar el cabildo de Buenos Aires.

Hoy podemos gozar de una magnífica reconstrucción, con el salón de la jura intacto, sus floridos patios y dos relieves de la escultora tucumana Dolores “Lola” Mora. Un deleite visual, emocional y arquitectónico. Un paseo para toda la familia, para aprender de nuestro pasado y de aquellas primeras voces que se alzaron a favor de la libertad.

 

 Mapa de San Miguel de Tucumán en 1816, realizado por don Antonio M. Correa

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