POR ABEL CORNEJO PARA VOCES CRÍTICAS

POSTALES DE UNA BATALLA

El Campo de la Cruz, al que Belgrano denominó Campo del Honor al costado de la Avenida Arenales, nos recuerda cotidianamente a la única batalla donde los españoles se rindieron incondicionalmente al Ejército Patriota
jueves, 20 de febrero de 2020 · 00:00

SALTA.- (Por Abel Cornejo para Voces Críticas) La Batalla de Salta, es uno de los episodios bélicos y épicos más importantes de la guerra de la independencia argentina ¿Qué duda cabe? Doscientos años más tarde, cuando el reloj de las doce de la noche del 20 de junio, este año se habrán cumplido dos siglos del paso a la eternidad de su vencedor, Manuel Belgrano, un héroe impar. Como todo suceso legendario, el triunfo del sábado 20 de febrero de 1813 depara secuencias desconocidas y hasta míticas. Recordarlas, es un acto de justicia. El viernes 19, como suele ocurrir con el clima estival de febrero en Salta, caía una pertinaz llovizna en las primeras horas de la tarde, la vanguardia del Ejército Auxiliar del Perú se asomó en la lente del catalejo del que lo divisaba desde la cumbre del cerro San Bernardo el arequipeño, amigo de Belgrano, don Pío Tristán y Moscoso, quien se había retirado en las vísperas del 25 de septiembre, luego de tener sitiada a la ciudad de San Miguel de Tucumán, sin definir la batalla al concluir el día 24.

Nunca se puso porqué el mariscal José Manuel Goyeneche, vencedor de Huaqui, envió a Tristán a combatir, no era precisamente el mejor jefe para semejante empresa. Tampoco se supo porque el jefe arequipeño al servicio del rey de España, se fue de Tucumán abruptamente, tanto es así que a la gloriosa batalla del 24 de septiembre de 1812, la historiografía española, no la considera una derrota, sino una deserción inexplicable de Tristán. Este error táctico de Goyeneche le costó la amistad con el marqués de la Concordia y virrey del Perú, don Fernando de Abascal y Souza. Abascal jamás le perdonó a Goyeneche que enviara a Tristán a combatir contra la fueras patriotas. Era una batalla demasiado importante estratégicamente para delegar el mando, en momentos de zozobra para los dominios suramericanos del Reino de España.

El “Chocolate” Apolinario Saravia, el famoso jinete de fuego, fue uno de los capitanes más aguerridos que se conoció por estos lares. Era perspicaz e intrépido, el lo advirtió a Belgrano de que el Ejército Auxiliar debía torcer y virar hacia el flanco derecho, por la Lagunilla, luego por la Quebrada de Burgos hasta alcanzar la vieja casona de la hacienda de su padre en Castañares, otro guerrero ejemplar: don Pedro José Saravia, en esa tarde lluviosa del 19 de febrero. Belgrano pernoctó en Castañares. Cuando se despertó al alba del 20 de febrero, había vomitado sangre y estaba afiebrado. Le sugirieron delegar el mando, pero puso todo de sí se sobrepuso y comandó el ataque inicial. Con el curso de las horas su salud fue mejorando. Esta advertencia salvó la suerte inicial de la Batalla de Salta, porque de ingresar por el portezuelo, las tropas patriotas hubieran sido inexorablemente aniquiladas. Cuando Tristán se percató de la maniobra, montó el cólera y debió cambiar subrepticiamente el plan inicial de batalla.

Otra postal que nunca se difundió mucho fue el rol de doña Juana Moro de López, o simplemente Juana Moro. En los días previos había seducido a don Juan José Feliciano Fernández Campero Marqués del Valle del Tojo, conocido popularmente como el Marqués de Yavi. Juana le había prometido que si desertaba estaría con él. El Marqués cumplió su palabra y este fue uno de los factores clave para el desenlace de la victoria de las fuerzas patrias. Otra mujer cuya acción fue decisiva, fue Martina Silva. Al igual que en la Batalla de Tucumán, la Batalla de Salta duró varias horas, se terminó luchando en las calles de Salta y otra fuerte partida realista fue llevada a propósito hacia las Lomas de Medeiros, donde Martina al mando de sus ponchos azules, fue primordial en la capitulación realista. A raíz del triunfo, Belgrano asumió por un día el mando gubernativo de Salta y a la actual calle España, le impuso el nombre de calle de la Victoria. Inexplicablemente este nombre lo llevó desde el 21 de febrero de 1813 hasta principios del siglo XX, donde algún trasnochado intendente la rebautizó como: España, casi una paradoja. Historiadores de la talla de Bernardo Frías y Atilio Cornejo, fueron contestes en protestar esta inicua situación que persiste hasta la fecha. Ninguna calle del país tuvo el honor de ser baut izada por el creador de la Bandera Nacional luego de un combate decisivo para las armas de la Patria ¿Cómo alguien podía atreverse a cambiarle el nombre? Sin embargo, parece que a nadie le molestó lo suficiente como para mantener ese agravio desde hace más de un siglo. Y por últimos las capitulaciones. Belgrano acuño la famosa fase: “ni vencedores ni vencidos”.

Había conocido a Tristán años antes y tenían una relación con él cordial y de camaradería. Belgrano lo hizo firmar que nunca más tomaría las armas en contra de la Patria. Tristán fue un perjuro, no cumplió con su palabra y pronto se volvió alistar en las filas españolas. Desde la victoria de Salta en adelante, pasaron muchos meses. Los españoles se reorganizaron. Luego vendrían los desastres de Vilcapugio y Ayohuma. José María Paz dice que si Belgrano hubiese avanzado inmediatamente hacia el Alto Perú, otra hubiera sido la suerte de la Revolución de Mayo en aquel momento. Sin embargo, estos destellos nos muestran que, aún con sus errores, el heroísmo de Belgrano, más la entrega absoluta de Paz, Dorrego y Díaz Vélez; de Juana Moro, de Martina Silva, que fuera designada capitana general de las armas de la Patria, la visión de Apolinario Saravia fueron artífices de un éxito que conmovió a uno de los ejércitos más poderosos del orbe en aquel momento.

El Campo de la Cruz, al que Belgrano denominó Campo del Honor al costado de la Avenida Arenales, nos recuerda cotidianamente a la única batalla donde los españoles se rindieron incondicionalmente al Ejército Patriota. En toda la guerra de la independencia, huyeron o se dispersaron cuando fueron derrotados pero solamente en Salta se rindieron formalmente. Nos recuerda el esfuerzo, la decisión y la valentía de los Padres Fundadores, en levantar a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación, como dice una de las estrofas suprimidas del Himno Nacional Argentino. Cada tanto, sería bueno recordar a Belgrano, a la Batalla de Salta y a esa breve estrofa del Himno. Le haría mucho bien a nuestra argentinidad y al desafío pendiente de construir un país posible, viable, unido, sin agravios. Doscientos años más tarde, seguramente ésa sería la máxima aspiración de don Manuel Belgrano.

 

POSTALES DE UNA BATALLA (Segunda parte) 

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