LA VIDA EN TIEMPOS DE CORONAVIRUS

Crónica de una pandemia anunciada

Cambio de hábitos, temores y reflexiones son algunos de los síntomas que comenzaron a hacerse visibles tras la eclosión del coronavirus
miércoles, 18 de marzo de 2020 · 16:12

SALTA.- (Carolina Mena Saravia) No es una novedad que estamos viviendo una situación impensada, inusual y de suyo por qué no ficcional. Hace unos días resultaba imposible imaginar calles desiertas (y en algunos casos lamentablemente no tanto), con saturación de mensajes en redes sociales, hasta caer en las fauces de la sobreinformación. Algunos contrarrestan la psicosis generada por la ansiedad mirando plataformas como Netflix, o a través de las múltiples ofertas virtuales que incluyen cursos a distancia o visitas a centros culturales y museos alrededor del mundo, dado que el tema coronavirus “corona” todos los programas de televisión.

Las noticias reportan toma de conciencia y cambios repentinos en los hábitos. El primero de ellos es el ejercicio del trabajo diario desde nuestros hogares, una forma a la que parte de la población viene acostumbrándose desde hace algunos años. El cambio también se ve desde el saludo hasta la devoción por el lavado de manos, tal como aconsejan los expertos.

Hasta aquí lo exterior o de forma. Buceando en el interior de este mar de incertidumbre y como si de un iceberg se tratara, van tomando forma los miedos, las inseguridades, las reflexiones y los sinceramientos personales. Por momentos las rivalidades cesan, dando paso a gestos para con nuestro prójimo que buscan estrechar vínculos solidarios, compromiso y capacidad de reacción frente a este enemigo desconocido. Durante estos últimos días se mitigó la obstinación de la grieta, la preocupación dio paso a la ocupación y a la solidaridad.

La diligencia es una de las características del ser humano, junto a la capacidad de poner en acto la potencia, principio de la metafísica aristotélica, generando sentimientos de solidaridad y confraternidad. Algunos pensamientos barruntan un cambio positivo en los comportamientos, pero por sobre todo en nuestro interior. De lo que sí podemos estar seguros es que ya nada será igual. De la misma forma que acontece a lo largo de la historia de la humanidad, azotada desde tiempos inmemoriales por pestes físicas y morales, guerras sempiternas y desastres naturales, el ser humano tendrá capacidad de reponerse, de levantarse diestro, como si desde la “soledad sonora” de cada uno, el popular oxímoron de san Juan de la Cruz, podamos emerger más solidarios y comprensivos con los nuestros. Mutemos la tragedia en esperanza, Salta es tierra de milagros. El Señor y la Virgen del Milagro, esa devoción lacrada en nuestros corazones, marca a fuego nuestra identidad y nuestra fe.

 

 

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