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POR GREGORIO CARO FIGUEROA PARA VOCES CRÍTICAS

El futuro de la Argentina no puede ser la repetición de su pasado

A las puertas de una elección determinante para el futuro de nuestra Argentina, este impecable artículo resume el pensamiento de una vasta mayoría.

El futuro de la Argentina no puede ser la repetición de su pasado
miércoles 13 de febrero de 2019

"El sueño de Macri es borrar 70 años de política argentina", dijo esta semana Pino Solanas, sesentista paleolítico. El sueño de Pino Solanas es que el futuro de la Argentina sea la repetición de los 70 años de fracasos.

Su "sueño" es que nunca pase ese pasado de populismos, gobiernos jaqueados y dictaduras. La ideología y la senectud de Solanas explican, en parte, que esté enamorado del estancamiento, de los mitos y de la atrofia del pensamiento.

El deseo de Solanas no es "un sueño"; es una pesadilla. El futuro no nos pertenece a los veteranos que padecimos, o pusimos un grano de arena o pesadas piedras, para construir el fracaso y decadencia de la Argentina.

Pertenece a los jóvenes que no conocieron ni recuerdan los nombres de la mayoría de los políticos que, como Duhalde, los Kirchner, Felipe Solá, Massa, los Moyano, Moreau, Lavagna, Pichetto y otros que, desde hace 35 años tuvieron en sus manos la nave del Estado, y la condujeron a mal puerto o la hundieron.

Nadie puede negar que fueron hacedores de triunfos electorales que los instalaron en el poder, en el que permanecen desde hace 35 años, controlando el Senado de la Nación, digitando la Justicia, reteniendo la mayoría de los gobiernos provinciales y  de los municipios del país.

Subestiman a los argentinos cuando, elección tras elección, “piden una oportunidad” y se siguen presentando como lo nuevo, como la renovación y como los garantes de un “cambio” que jamás asoma en el horizonte. Subestiman y desprecian a sus propios seguidores cuando los ignoran al momento de las decisiones, cuando suplantan el Partido Justicialista con la voluntad de los dueños de esa marca, hoy reducida a un nombre sin vida interna ni estructura.      

Tampoco se puede desconocer que fueron usufructuarios de los réditos materiales de esas victorias en las urnas, pero no tuvieron estatura de estadistas. Usaron el poder para perpetuarse para controlar sus palancas. La mayor parte de ellos, se sirvieron de ambas como herramientas para montar, desde adentro del Estado, una enorme red de corrupción.     

Tuvieron astucia y malicia para ser los "grandes mariscales de las derrotas" de la Argentina como país. Demostraron más voluntad y capacidad de bloquear y destruir proyectos, instituciones y políticos que no pasaran por sus manos o se sometieran a sus dictados.

"¡Basta Ya!" escucho decir a los jóvenes que se resisten a que su futuro sea la repetición fatal de aquel pasado. El “trasvasamiento generacional” que predicó Perón terminó en la instauración y perpetuación de “gobiernos de familia”. La retórica de la “justicia social” terminó siendo un señuelo para instalar “oligarquías guarangas”, rapaces, corruptas y corruptoras. El llamado a la "unidad nacional" terminó cavando trincheras y antagonismos irreconciliables entre "los amigos" y "los enemigos". 

A la mega corrupción del reciente experimento populista, se añade el exceso de ambición, el abandono de la vieja y apolillada “doctrina justicialista”, la  ausencia de nuevas ideas, de autocrítica y la falta de dignidad de los integrantes de esta casta.

A estos personajes les falta inteligencia y decoro para retirarse del escenario al que están patológica y peligrosamente aferrados. El futuro no les pertenece. "Torres más altas cayeron".

“Si no es justo que una Nación rompa abiertamente con su pasado, no es prudente que lo continúe con las mismas formas que una larga experiencia ha probado que son disolventes y perturbadoras”, dijo el salteño Facundo de Zuviría en la sesión del Congreso General Constituyente, el 3 de mayo de 1853.

En estos días, las propuestas de la mayor parte de los muchos autocandidatos populistas a la presidencia de la República se reducen a tres objetivos:

1) "Derrotar a Macri", rejuntando los restos del naufragio del kirchnerismo: Sergio Massa repite este “objetivo central” una y otra vez.  

2) Asegurar la permanencia y perpetuación en el poder del sistema y de los caudillos que, desde hace 35 años, controlan el Estado y los gobiernos.

3) Mantener y no enmendar ideas y prácticas del populismo, condenando a que el futuro de la Argentina sea la repetición degradada de los últimos 75 años de un régimen populista que condenó al país al atraso, al aislamiento, a la destrucción de sus instituciones y a la corrupción.

Por Gregorio Caro Figueroa para Voces Críticas

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