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POR GREGORIO A. CARO FIGUEROA

CUANDO SALTA FUE HOLLYWOOD CON 'TARAS BULBA'

El filme fue considerado entonces como una de las producciones más caras del cine de Hollywood

Película 'TARAS BULBA' en salta
Película norteamericana filmada en Salta
Película norteamericana filmada en Salta

SALTA (Por Gregorio A. Caro FigueroaDesde comienzos de octubre de 1961 y hasta finales de diciembre, la Ciudad de Salta se transformó en un pequeño y efímero Hollywood.  

Famosos actores como Yul Brynner y Tony Curtis, un director de cine británico, un equipo de producción más de doscientas personas llegadas de los Estados Unidos, Italia y España, entre cinco y seis mil extras salteños, seis barcos transportando siete mil trajes de época, máquinas y utilería y una inversión de un millón a siete millones de dólares, alteraron el aún pausado ritmo de la ciudad y la vida de muchos de sus 117.000 habitantes. 

El filme fue considerado entonces como una de las producciones más caras del cine de Hollywood. La llegada de “los gringos” de “Taras Bulba” a Salta adquirió un tono parecido al “Bienvenido Mister Marshall” de la España franquista de la posguerra protagonizada por el actor español Pepe Isbert.  

En el punto de máxima tensión de la Guerra Fría, el “sueño americano” parecía no tener fronteras. A comienzos de ese año 1961, la llegada de John F. Kennedy a la presidencia de los Estados Unidos y la Alianza para el Progreso realimentaban esos sueños. 

DOCUMENTAL 46 AÑOS DESPUÉS 

El papel de Yul Brynner, para algunos sobreactuado, no se redujo entonces al reservado dentro de la película dirigida por su director Lee Thompson. Detrás de la calvicie y la antipatía que se le atribuía a Brynner había un hombre culto, que había cursado un profesorado en Filosofía y llegaba investido de su condición de representante personal de Kennedy en el Comité de Refugiados de Naciones Unidas. 

La mayor preocupación de Brynner eran los niños refugiados. En tanto que el rol Janet Leigh era, además, de representante del Departamento de Estado en problemas de niños pobres y desamparados.  

Que “Taras Bulba” fue casi un asunto de Estado lo prueba la visita que los actores hicieron en la Casa Rosada al presidente de la República, Arturo Frondizi; el recibimiento de las autoridades en Salta y los más de mil jinetes que el Regimiento de Salta aportó a la filmación. Frondizi fue el primer presidente argentino que se abrió a los Estados Unidos. 


Ahora, cuarenta y seis años después, Federico Windhausen y Rubén Guzmán, jóvenes cineastas, están en Salta produciendo un documental donde rastrean las huellas de aquella superproducción y reconstruyen su historia a partir de fragmentos de la memoria de cientos de salteños que, transformados en dignatarios religiosos o jinetes cosacos participaron como extras de “Taras Bulba”.  

El escaso éxito cinematográfico de esa película contrasta con la fuerte marca que ella dejó en Salta, donde las fantasías sobre aquel desembarco americano aún se reproducen y crecen como frondosas enredaderas. 


RECONSTRUYENDO UNA MEMORIA 

Nacido en Tucumán a mediados de la década de 1970, Windhausen emigró a los Estados Unidos junto a sus padres. Profesor de Historia del Cine en el College of the Arts en California, es experto en cine argentino de las últimas décadas, además de minucioso investigador e insaciable lector. Rubén Guzmán, estudió cine en los Estados Unidos y Canadá, es un realizador independiente y de excelencia interesado en el hombre y el paisaje del Noroeste argentino. 

Windhausen y Guzmán llegaron a Salta con expectativas moderadas, y regresan cargados de testimonios y de imágenes que desbordaron su más exagerada imaginación. Fue suficiente que convocaran a salteños a contar sus recuerdos sobre “Taras Bulba”, para que cientos de ellos respondieran la invitación bloqueando sus teléfonos y colmando el salón del Hotel Salta invitados a una proyección de aquel filme. 


A pocas horas de regresar, los cineastas encontraron una rica e inexplorada veta de información: una prolija carpeta con recortes de revistas de cine y de periódicos nacionales y locales referidas a “Taras Bulba”. En octubre de 1961 una joven estudiante de catorce años, Estela Grondona, comenzó a recortar y guardar todo papel que mencionara a “Taras Bulba”. Cuando la carpeta llegó a manos de Windhausen y de Guzmán dijeron: “Esta carpeta es el núcleo duro del documental”. 


Nuestra Biblioteca Privada "J. Armando Caro" de Cerrillos facilitó el acceso a su archivo de datos y a los pocos raros libros que se refieren a esta filmación en Salta. “Estamos sorprendidos y agradecidos por la respuesta y la colaboración de los salteños”, nos dicen Federico y Rubén. 


Hoy viernes, productor y realizador recorrieron los campos de Buena Vista, propiedad del Ejército, y eligieron un mediodía de pleno sol para filmar el paisaje salteño donde en 1961 se levantó un enorme castillo de cartón piedra, de mil seiscientos metros cuadrados de superficie y torres de quince metros de altura, imitación del original castillo de Dubnov, del siglo XVI.  

Aunque se había dicho que la productora donaría el castillo a la Municipalidad de Salta, las exigencias del libreto obligaron a prenderle fuego en la escena final. 


JINETES, CABALLOS Y PASTO 


Descartados sitios de España, Yugoslavia, Grecia, Turquía y México, Salta fue elegida como escenario para llevar al cine la clásica novela de Nicolai Gogol.  


Al paisaje de Buena Vista, antiguo pucará, luego vasta hacienda de los jesuitas, de cuyas manos pasó a las de un acaudalado propietario a finales del siglo XVII, se añadieron otras ventajas: la abundancia de diestros jinetes, de muchos y buenos caballos y altos pastos para alimentarlos y los costos, tres veces menos que en los Estados Unidos. 

Aunque algunos integrantes del equipo de producción conocían Salta y aconsejaron al productor Harold Hecht la conveniencia de filmar aquí, quizás sin saberlo, el que se anticipó a esa elección fue Nicolai Alexeev, embajador de la Unión Soviética en la Argentina. Alexeev visitó la Ciudad de Salta para asistir a los actos de conmemoración del 148 aniversario de la Batalla de Salta del 20 de Febrero de 1813.  

Además de confesar su admiración por el paisaje que rodea a la ciudad, el diplomático soviético dijo: “Este paisaje, por su topografía, se parece mucho al de algunas regiones de Rusia. También las costumbres se parecen”. 

La producción de “Taras Bulba” se adelantó dos meses a la llegada de los actores. Recorrieron los alrededores de la ciudad buscando el mejor escenario, montaron una oficina, visitaron residencias en alquiler en la ciudad y en San Lorenzo, preguntaron precios de hoteles y afinaron los cálculos de cantidad de extras y de costos.  

El productor Harold Hecht se quejó luego: “Nos quieren cobrar cinco veces más de lo que las cosas valen”. Pese a los avisos publicados por Hecht para que los extras devolvieran vestuarios y armas de utilería, muchos se quedaron con ellos como trofeos de una guerra incruenta y divertida. 


CURAS, CHICAS LINDAS Y CAMPESINOS 

Las listas de extras aparecían en los diarios locales. También las llamadas “a filas”, como si se trataran de bandos. Los extras que hacían de soldados húsares y los de “cota de malla”, debían presentarse a las seis de la mañana; a la misma hora, los “hombres polacos de pueblo” y los campesinos.  

Quince lindas chicas”, que hacían el papel de polacas debían estar a las siete de la mañana, junto a los “curas, dignatarios, oficiales polacos, cardinales, ayudantes de príncipe y coronet”. A las ocho era el turno de los monaguillos. 

La viveza criolla afloró en aquellos días. El choque cultural entre norteamericanos y salteños produjo una inagotable cantidad de anécdotas algunas de las cuales resultan desmesuradas, por los años y loca imaginación de quienes las relatan.  


“Nosotros teníamos que llevar nuestros caballos y monturas. Al comienzo también la comida. Metíamos los caballos en un potrero y a la tarde noche, cuando los gringos no nos veían, los soltábamos. Al día siguiente nos pedían que saliéramos a buscarlos. Por cada caballo encontrado nos pagaban 50 pesos más”, dice hoy uno de esos extras. 

Algunos, como Gustavo Marrupe Caro y Guillermo Wilde, conservan fotos de su paso por allí, donde aparecen vestidos con trajes de gorros de cosacos. “A mi tocó estar entre los defensores del castillo”, nos dijo nuestro primo hermano Marrupe Caro.  

El primer salteño convocado, con bombos y platillos, fue César Royo, barbado y diestro jinete de La Caldera conocido como El Chacho Royo. Al Chacho se le reservó el papel de cura. Miriam Pedrazzoli aportó las bailarinas. 


ESTILO DE VIDA AMERICANO 


El diario “”El Intransigente”” publicaba diariamente una galería de fotos de los salteños en “Taras Bulba”. Inauguró la serie Eduardo Omar Cury, a quien le tocó enfrentar a los cosacos. El actor salteño Cástulo Guerra descubrió allí su vocación por el cine, que desarrolló y maduró después en Hollywood.  

El legendario actor de radioteatro Elías Antar, hizo de cura. El camarógrafo de la calidad de Ángel Longarte siguió toda la filmación y envió sus notas a Canal 7 de Buenos Aires. Jorge González Diez fue médico personal de los actores. 

Con “Taras Bulba” se acelera la llegada de la influencia del estilo de vida americano a este Valle de Lerma. A los dólares que, por primera vez, llegaban a la mano de muchos salteños se añadieron o reforzaron algunas modas: los jean, el rock, las casas estilo americana, bebidas, cigarrillos, el estilo en los vestidos y peinados, los discos de vinilo, el cinemascope y el mayor interés por aprender inglés en Isicana. La televisión no había llegado todavía a Salta. Tampoco la Coca Cola. 

En 1961 sólo el 2% de la población de Salta era de origen inmigrante: en su mayoría españoles, italianos y sirios libaneses. Los de origen norteamericano eran una pequeña y poco visible minoría.  

Algo había cambiado respecto al siglo XIX cuando los salteños tradicionales veían a los “gringos” que pasaban por aquí como demonios protestantes a los que adjudicaban tener cola. En los ’60 nadie se atrevía a decir que la tuvieran pero sí adjudicaron a los “gringos” costumbres licenciosas, romances apasionados y consumo de alucinógenos. 

AMORES FULMINANTES Y FURTIVOS 

El cansancio de los extras no les impedía contar, dentro y fuera de sus casas, las anécdotas del día. En Buena Vista no se agotaba ese repertorio. Algunos se llegaban a las residencias de los actores para verlos entrar y salir. Las murmuraciones alcanzaron una intensidad poco frecuente en una ciudad acostumbrada a nutrirse de ellas.  

“Me dijeron que fulana de tal fue anoche a una fiesta con los gringos y se acostó con Tony Curtis”, se repetía cambiando los nombres de esas supuestas salteñas “liberadas”. 

Los que no estaban en la filmación, estaban pendientes de los chismes en torno a los actores y sus mujeres. Mientras Janet Leigh, esposa de Tony Curtis, cuidaba de sus dos hijas y tocaba el piano en su casa, el joven Tony de 36 años cortejaba a Christine Kaufmann. La esposa de Curtis supo del romance y un día armó sus valijas y se marchó. En pocos días la pareja de Tony y Janet, “la más dulce de Hollywood”, se rompió. 

Janet Leigh se despidió de sus amigos aquí con un cóctel en el Hotel Salta y dijo que regresaba a los Estados Unidos por la enfermedad de una de sus hijas. Voló a Río de Janeiro y, poco después se casó en México. Tony no tardó mucho en casarse con Christine en Las Vegas.  

Aquella primavera salteña unió en matrimonio a Christine y a Tony Curtis. Christine “jamás consiguió ser una actriz famosa”, anota Diego Curubeto en su estupenda reconstrucción de aquella filmación. 

Los salteños querían ver, acercarse y pedir autógrafo a los artistas. Janet y Christine salían de compras. Una foto muestra a una de ellas en “Ginotex" y a la otra visitando el hogar de niños que dirigía doña Constantina Flor de Espelta, el Hogar de Ancianos León XIII y la sede de la Asociación Argentina de Lucha contra la Parálisis Infantil (ALPI).  

Las actrices hicieron aportes a estas entidades. El dinero que se recaudó en el estreno de la película en Salta fue entregado a doce entidades de beneficencia de esta ciudad. 


POCOS NOMBRES DE UNA LARGA LISTA 

Varios nombres de salteñas aparecen en las listas de “Taras Bulba”: Valeria Warzyniak, una bella joven hija de polacos, Nélida Mazzaglia, Yolanda Altobelli, Eleonora Ortiz, Elba Rosa Corbalán, María Elena García Pinto, Carmen Mercado, Marta Yarad, Luz María Dávalos y Graciela Cárrega Martínez Zuviría. 

En los varones se convocaba a Federico Austerlitz, Gustavo Marrupe, Guillermo Wilde, Chiquito Paterlini, Javier Slodky, Armando Troyano, Carlos Cauli, Roque López Fleming, Humberto D’Aluisi, Juan Carlos Villamayor, Miguel Sastre, Julio César Ulivarri, Benjamín Toro, Ramiro Zamora, Adrián y Nolasco Cornejo Costas, Luis Van Doorn, Gustavo Uldry, Miguel Ángel Pérez, Edmundo del Cerro, Martín Borja, Juan Ángel Aldana, Armando Bisceglia, Alfio Crivelli, Pascual Ciotta, Jorge Da Fonseca. 

HUELGA EN MEDIO DE LA GUERRA 

Rubén Fortuny, que fue jefe de Policía del gobierno de Miguel Ragone, organizó el Sindicato de Extras que en noviembre de 1961 hizo la huelga que paralizó la filmación por unos días. Fortuny tuvo en “Taras Bulba” el papel de Cardenal. Ricardo Falú fue el abogado de los huelguistas los que consiguieron un mejor trato y un mejor pago por su trabajo. 

“Reconocemos los derechos de todos los trabajadores en huelga por más altos salarios y por mejores condiciones de trabajo. Sin embargo, nosotros creemos que hay una forma correcta de pedir. No creemos que sea justo interrumpir o parar el trabajo sorpresivamente después que las partes han firmado de conformidad un convenio en el cual sus cláusulas estaban claramente preestablecidas”, explicó una solicitada publicada en los diarios locales firmada por Harold Hecht. 

Con arreglo o no, añadió, la filmación seguirá adelante. Las negociaciones fueron duras. Algunos jinetes amenazaron presionar con cargas de caballería en pleno centro de la ciudad. Efectivos del Cuerpo de Bomberos rodearon al Hotel Salta donde el Sindicato de Extras presidido por Fortuny negociaba con los representantes de Hecht.  

Los extras lograron un aumento de 50 pesos por día, con lo que recibirían 400 pesos diarios por una jornada de ocho horas. Si la jornada se extendía por encima de esas ocho horas, la empresa debía pagar un plus de 50% y también se hacía cargo de la comida de ellos y del gasto de fardos de alfalfa para los caballos. 

Según Diego Curubeto los extras salteños recibían 1.200 dólares (actualizados a 1993) por semana, es decir, “mucho dinero para un extra”. Un militar salteño, Juan Carlos Grande, fue elegido para doblar, en escenas de riesgo, a Tony Curtis que, “como buen neoyorquino apenas si había visto de lejos un caballo”. 


FINAL Y ESTRENO EN SALTA 

El año de “Taras Bulba” en Salta fue también el del rodaje de dos importantes películas argentinas. Leopoldo Torre Nilsson estrenó “La mano en la trampa” que, con libro de su mujer Beatriz Guido, tuvo como actor protagónico a Lautaro Murúa.  

Esta es, quizás por rara coincidencia, una de los filmes argentinos más valorados por Federico Windhausen. De este año es también “Alias Gardelito” y la novela “Sobre héroes y tumbas” de Ernesto Sábato. 

La filmación en exteriores en Salta terminó al filo del año 1961. De allí en más, quedaban algunas escenas de interiores en estudios “United Artist”, en los Estados Unidos. La película se estrenó en Salta en marzo de 1962 y, días después, recién se presentó en Buenos Aires. La mayoría de los miles de salteños que participaron en ella, más sus familias y amigos, hicieron largas colas para ver la película de 122 minutos pero, antes que nada, para verse. 

El estilo monumental del filme, las masivas cargas de caballería, permitían distinguir sólo unos pocos rostros. “Ese soy yo”. “Mirá ahí estoy yo con un sable en la mano”, gritaban los extras. Jamás esos jóvenes extras habían imaginado que fingirían luchar encarnizadamente en una guerra entre turcos y polacos, conducidos por el jefe cosaco Taras Bulba. 

UN TESORO DOCUMENTAL 

El precioso álbum de Estela Grondona se cierra con una noticia esperanzadora: pese a la huelga, pese a la picaresca de los salteños y a los amoríos de los actores, Harold Hecht prometía regresar a Salta con otra superproducción de treinta millones de dólares, sobre la vida de Moctezuma. 

Un diario local tradujo el nombre del emperador azteca como “Kemal Ataturk”. Los extras se aprestaron a institucionalizar su sindicato y abrieron una sede en la calle San Luis 791. El sindicato quedó ocioso porque los "gringos" no regresaron con más dólares. En los veinte años siguiente ninguna producción de cine norteamericano se arriesgó a desembarcar en la Argentina. 

Cuando las luces de “Taras Bulba” se apagaron, las ruinas del castillo aún humeaban y los extras habían gastado sus dólares, la calma regresó a la ciudad que, desde entonces, siguió recordando a “Taras Bulba” como el instante de un sueño americano que pronto se desvaneció pero que quedó fijado en la memoria como un acontecimiento único: el otro rostro de aquellas guerras del siglo XIX donde morían jinetes y donde la ciudad se empobrecía. 

 GAUCHOS ENCARNANDO COSACOS 

Con sinceridad y con nostalgia, James Dalton, director de Publicidad, dejó caer el telón sobre “Taras Bulba”: “De todos estos tres meses en Salta va a quedar el recuerdo de nuestra amistad”.  

En estos días, de la mano de Federico Windhausen y Rubén Guzmán y de decenas de extras salteños, ahora veteranos, ese recuerdo se avivó con una intensidad que sobrepasó, en el tiempo, la fama cinematográfica de aquel filme basado en la narración épica de Gogol de rudos cosacos encarnados aquí por flemáticos gauchos salteños.- 

Por Gregorio A. Caro Figueroa 

 

 

 

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