POR FÉLIX GONZÁLEZ BONORINO

Las Paso y el calor

..."Pasamos de no querer gurkas a tener mohicanos, son los últimos, y varios se están cortando el pelo"
miércoles, 16 de octubre de 2019 · 21:04

SALTA.- (Por Félix González Bonorino para Voces Críticas) Calor. Eso es lo que transmitía. Calor en cada gota de transpiración. Calor en el reflejo blanco de su camisa de bambula “extra large” mojada en su espalda. Calor en su mano apretando un pañuelo que infructuosamente se esforzaba en cumplir su rol de recogedor de gotas de la frente, transmutada en fuente. Calor, en el balanceo cadencioso que lo depositaba más adelante, hacia un destino definido, hacia una sombra. Y además estaban los bufidos. Un sonido refrigerante, como si pudiera haber uno.

Octubre había llegado con todo a Salta y el sol brillaba. Se acabó la proverbial vereda de sombra fría para dejar lugar a la vereda menos caliente, la que no te derrite.

Norbi siguió avanzando, bufando y transpirando. Subió los tres escalones del bar apoyándose en la manija de la puerta con la derecha y en la rodilla con la izquierda, la del pañuelo. Ascendió al nivel de la confitería, se irguió, tomó aire y avanzo hasta el chorro de aire del ventilador y como un pollo al espiedo comenzó a dar vueltas sobre su eje.

A la segunda vuelta lo vio al Flaco al final de la barra. Despatarrado, su coca con hielo sobre la mesa, una mano flaca sosteniendo su cabeza por la sien y un montón de cartones desparramados a su alrededor.

Había cartones en todos lados, sobre la mesa, sobre las sillas, bajo su vaso como posavasos y sobre la botella haciendo equilibrio. En sus muslos, en el piso, rodeando su asiento, debajo de su asiento, era una locura de cartoncitos de todos los colores.

A Norbi del Flaco no le asombraba nada. Él se acordaba de la vez que se puso a clasificar plumas para no sé qué macumba y cada vez que alguien abría la puerta se las volaba y tenía que recomenzar, no sin antes desgranar una puteada al universo.

“¿Otra vez con las cartas mágicas?” le lanzó Norbi ya más fresco. “Hola Gordo” le respondió con una sonrisa, se irguió sobre su silla tirando al suelo otros cartoncitos a la pasada. Vio el aspecto de Norbi, sometido al cambio climático, todo el cambio climático en su cuerpo y decidió no bromear con el tema.

Levantó su mano mientras Norbi sometía la silla a un ensayo de materiales y le mostró un pequeño mazo de cartones “¿Sabés que es esto?” lo abarajó. “¿Las que todavía no tiraste al piso?” le respondió rápido Norbi. “Un poco, sí. Son los que quedaron después del domingo. Son los que sobrevivieron a las PASO”, Norbi miró alrededor el desparramo, “entonces estos son…. ¡Los que quedaron!”, “En el camino, si” acotó el Flaco.

“Impresionante Flaco, el gran colador de las PASO”, Ramón le dejó el café preguntando por el azúcar o la sacarina, como siempre, no esperó la respuesta. “¿Y a que lo atribuís, que imaginás que pasó?”. “Esto es el resultado de la “gran teoría de los Gurkas” Norbi, la que tanto te gustaba”

Norbi abrió grandes los ojos con el café a medio subir, “Eh Flaco!, ¡Pará la mano! No te la agarrés conmigo!” mientras mostraba una sonrisa. “Sabés que no fui yo el de la idea, que era lo que andaban diciendo en los ‘bunkers’ de campaña”

Rápido como una serpiente atacando el Flaco dio vuelta su mano derecha estirando los dedos de a uno. Cuando terminó quedaron en la palma un puñadito de cartoncitos. Apenas un mazo de truco parecían. Lo miró a Norbi sorber el café de un saque y cuando su mano bajaba con el pocillo le dice; “estos quedaron, estos. Ahora del oficialismo salen con las ambulancias llenas de billetes a buscar heridos. Va a ser una masacre. Ves todos estos candidatos tirados en el suelo”, lo dijo señalando con la izquierda el desparramo de cartones con nombrecitos en sus caras, algunos que ya comenzaban a ensuciarse con el polvo de la calle, las pisadas del mozo, las patas de la silla. Algunos de espaldas y otros con la cara para arriba pedían a los gritos que alguien los recogiera de ese destino cruel, de derrotado de toda derrota. “todos estos candidatos, cientos, cuentan desesperados sus votos para evaluar sus activos, su capital y ¿sabés que?” continuó el Flaco cambiando el mazo de mano para poder señalar el piso de cartones en toda su dimensión con un gesto de torero que desplaza su capa sobre la arena, “están todos devaluados, quebrados, rotos, absortos. Todos miran la pantalla y la comparan con sus planillas y nada les cierra. Sabés, me hacen acordar a esas películas sobre la crisis del ’30, en blanco y negro, gente mirando las pizarras con el diario en la mano agarrándose la cabeza, empujando el sombrero para un costado. El entusiasmo del 48% se esfumó. Todos se creían herederos de Alberto y de Cristina, ¿qué herederos? Voceros, aunque hasta ayer hubieran compartido escenario con la contra.”

El Flaco hizo silencio, Norbi había detenido el descenso de su pocillo a pocos centímetros del platillo mientras escuchaba atento el parlamento del Flaco. Terminó el movimiento con el choque entre el pocillo y el plato, haciendo vibrar la cucharita y fue como el ‘on’ de un equipo de música, el Flaco con voz ronca continuó “Sabés, puede ser que con los gurkas solos no ganás, pero al menos tu campaña es ordenada. Esto fue un caos y el votante lo mostró en las urnas. Mirá, Alberto los juntó a todos, pero los encaminó a todos, los encauzó. Y condujo.”

Norbi lo miró tratando de no romper el silencio con ningún ruido. Se daba cuenta que el Flaco estaba dolido, más de lo que parecía. “No está nada terminado, falta el 10”. Dijo Norbi, refiriéndose a las generales de noviembre. Casi un susurro.

El Flaco barrió las cartas de la mesa tirándolas al piso y empezó a desplegar las cartas del mazo bien guardado con los nombre escritos en ellas con letra de imprenta, sobre la mesa. Cuando terminó lo volvió a mirar a Norbi. “Estos son los que quedan en la Provincia. . Noviembre está cerca y está lejos. Depende de la conducción.” Un frío le corrió a Norbi por la espalda, y no era por el ventilador.

 

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