POR GREGORIO CARO FIGUEROA

HORACIO BERTERO: ARTISTA PLATERO Y RIGOR DE INVESTIGADOR

El prestigioso historiador Gregorio Caro Figuera, fue el encargado de decir las palabras de introductorias en la presentación del libro de Horacio Bertero “El Bermejo, una ruta hacia la plata en el siglo XVI”. Acto realizado en el salón de conferencias del Museo Histórico del Norte
domingo, 27 de octubre de 2019 · 09:57

SALTA.- (Por Gregorio A. Caro Figueroa*) El prestigioso historiador Gregorio Caro Figuera, fue el encargado de decir las palabras de introductorias en la presentación del libro de Horacio Bertero “El Bermejo, una ruta hacia la plata en el siglo XVI”. Acto realizado en el salón de conferencias del Museo Histórico del Norte (Cabildo de Salta), el 25 de octubre de 2019.

HORACIO BERTERO: ARTISTA PLATERO Y RIGOR DE INVESTIGADOR

Hace cien años, Eugenio D’Ors dijo que el heroísmo del estudio y aprendizaje acompañan cualquier trabajo profesional. Añadió que artesano y artista es aquel que pone espíritu y amor en la labor que le ocupa las manos y que, al hacerlo, ennoblece su faena. Horacio Bertero lo expresó bien: “tener una obra en el alma y bajarla a las manos”.

Los clásicos explicaron que “el hombre no usa solo sus manos sino ese principio interior, específico”, de una actividad que se desarrolla en su alma. “El arte es una virtud, una facultad desarrollada en el interior”. Es una virtud del intelecto práctico que se relaciona con la creación de objetos.

Según D´Ors el oficio se vuelve Arte “cuando se convierte en cotidiano menester e ideal de una misma cosa, que es, a la vez, obligación y libertad, rutina estricta e inspiración constantemente renovada”. Artista es aquel que, sin dejar nunca de ser artesano y, por serlo siempre, eleva su trabajo “a una perfección soberana”.

Artista, orfebre, es el que ama su oficio, la perfección de su oficio y el resultado de su oficio. El de platero, antiguo y noble oficio, acompañó a la Argentina desde sus orígenes: el nombre de nuestro país remite al metal que la designa. Cualquier oficio se vuelve arte, añadió D´Ors, cuando el trabajador da a él su vida, del mismo modo que su trabajo dignifica su vida.

Ese espíritu, unido a estudio y aprendizaje disciplinado, creatividad, fuego personal, cuidado de la perfección y la armonía, hicieron de Horacio Bertero un artesano y un artista platero.

A todo esto, Horacio añade su generosa disposición a enseñar y trasmitir su oficio. No proclama generosidad: la despliega con discreción y silencio. El ejemplo más reciente es el taller que dirigió este año en Guachipas.

En su casa conviven su taller, con la hospitalidad, mesa abierta y amistosa, su exuberante buen humor, placas esmaltadas, puñales, monedas, medallas, libros y computadora. Esta variedad no es mera acumulación de objetos: dibujan el mapa de los diversos territorios y otros tantos intereses del artista.

Horacio no acumula libros como objetos: los devora, los interroga, los explora, los comparte. Enriquece sus conocimientos del oficio con la investigación y comprensión de su historia, de los misterios del metal que moldea, de su origen y rastrea huellas minas y mineros.

Ese apetito y esa energía no se agotan en el esfuerzo y goce personal: la extiende a la búsqueda de documentos, con los que nutre y da consistencia al trabajo que acompaña y complementa a su condición de orfebre: escribir libros y publicar libros, compartiendo experiencias y conocimientos acumulados.

Éste es el tercer libro de Horacio. En el año 2000 publicó "La platería, un oficio emblemático”. En 2011, "Glosario de orfebrería religiosa". Los libros de Bertero llevan su sello: prosa clara, vitalidad de estilo, afán por divulgar abriendo su mundo a los profanos. En él, la investigación precede y sostiene la divulgación.

Horacio forja esas obras escritas con una aleación de experiencia y erudición, de vivencias y nomadismo, de investigación sedentaria y reflexión. Su interés y su mirada se extienden más allá de los límites históricos y geográficos convencionales: a la América anterior a la colonización española y a un escenario mundial que, recogiendo lo regional, lo ilumina y lo trasciende.

Como buen investigador, Bertero explora, precisa, contrasta, se plantea interrogantes y busca comprender, estableciendo vínculos entre el pasado y el presente de la pieza que llega a sus manos. Es un investigador sin ataduras, compromisos, ni cepos ideológicos. Está libre de simplificaciones de los que suelen tener certezas a mano y exponen conclusiones antes de iniciar la exploración de huellas, documentos y testimonios.

“¿Dónde vi este cincelado? ¿Quién lo hizo? ¿Dónde está el punzón? ¿De qué época será? ¿Cómo se soldó esta pieza? ¿Cómo fundió estas partes”, son preguntas que Horacio se hace: la curiosidad lo consume y moviliza. Su inspiración lo desordena y disciplina y lo ordena. Aunque a veces no encuentre todas las respuestas, dice, abrir interrogantes es un modo de demostrar “el interés por el oficio que nunca se dejará de aprender”.

Por nacimiento y pertenencia, Horacio es hijo de los pagos de Areco, declarada en 2015 por ley nacional Capital Nacional de la Tradición. Por opción, convicción y partes iguales, también es salteño. Según la estadística, la balanza de los años se inclina a Salta, donde reside desde hace 32 años (1987). Su permanencia en Areco y una etapa en Buenos Aires suman 30 años (1957-1987). No es un, pues, forastero en Salta. Ni un hijo renegado de Areco.

Horacio abrazó su oficio muy joven. A los 22 años ingresó en San Antonio de Areco al taller de platería gauchesca del maestro Juan José Draghi, ubicado en los altos de una antigua casona en una esquina de la Plaza Ruiz de Arellano, Tres años después, abrió su propio taller y comenzó a trabajar con su punzón personal.

En 1983 hace la primera de una extensa lista de exposiciones en la Argentina y en países de América latina y Europa. A lo que añade su constante actividad

como investigador, tallerista, ilustrador, restaurador y conferencista sobre orfebrería gaucha y religiosa, historia de la platería y el arte en Hispanoamérica.

Desde 1983 expone sus obras en muestras nacionales de platería y, desde 1986, participa de la "Semana de la artesanía arquera" y en diversas ferias internacionales países de América latina y Europa. Fue protagonista del "Encuentro nacional de plateros" realizados en Salta desde 1994 hasta el año 2000.

Cuando llegó a Salta, Horacio encontró una tradición de antiguos artesanos plateros. Conoció y trató a algunos de ellos. Aprendió de su experiencia y respetó sus aportes, sobre los que innovó introduciendo técnicas y recursos que trajo en sus valijas desde Areco.

Es, además, restaurador de orfebrería religiosa, entre ellas la imagen del Señor del Milagro de y de la Virgen del Milagro de Salta, Dictó numerosas conferencias en el país y en el extranjero, es investigador y miembro de la Junta de Estudios Históricos de Salta y coleccionista de monedas, medallas, papeles y libros antiguos.

Bertero se nutrió, reinventó y enriqueció esa tradición. Lo hizo con espíritu de libertad, con infatigable afán de viajero, con vocación de rastreador y glotonería de conocimientos. Los plasmó en creativas y nobles aleaciones, tendiendo un puente, hermanando y trenzando las mejores tradiciones pampeanas con las del mundo andino.

Comencé recurriendo a la autoridad de Eugenio D´Ors. Terminaré bajo esa misma tutela. El verdadero reconocimiento de la obra de un artista no está aquí ni ahora: está en el correr del tiempo. Todo pasa. Vanidades, elogios y agravios pasan. Hay “una sola cosa que te será contada, y es tu Obra Bien Hecha”.-

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(*) Palabras en el acto de presentación del libro de Horacio Bertero “El Bermejo, una ruta hacia la plata en el siglo XVI”. Acto realizado en el salón de conferencias del Museo Histórico del Norte (Cabildo de Salta), el 25 de octubre de 2019.

Blas Pascal: “Los ríos son caminos que marchan y que llevan adonde se quiere ir”. Alberdi transcribe esta expresión: “los ríos son caminos que andan”. “La enfermedad principal del hombre es la curiosidad inquieta por las cosas que no puede saber”. (Pensamientos. T I página 73)

La tierra pide mar. El mar pide tierra. Los ríos, escribió Alberdi, son otro medio para internar la acción civilizadora europea en el interior, pero los ríos que no se navegan, son como si no existieran.

 

(*) Miembro correspondiente de la Academia Nacional de la Historia. Redactor principal de la revista "Todo es Historia".

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