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POR ABEL CORNEJO

SALTA Y EL 9 DE JULIO

La actitud de Salta, indudablemente, contribuyó a acelerar la reunión del Congreso en Tucumán

SALTA Y EL 9 DE JULIO
jueves 08 de julio de 2021

SALTA (Por Abel Cornejo para Voces Críticas) Aunque, como es sabido, la historiografía oficial aún doscientos cinco años más tarde continúa silente en cuanto algunas cuestiones de singular importancia, varios sucesos ocurridos en Salta en las vísperas de la instalación del Congreso Constituyente, porque ese era uno de sus dos objetivos, en la ciudad de San Miguel de Tucumán, tuvieron una profunda gravitación en los acontecimientos que luego se desarrollarían. Por ejemplo, luego del Pacto de San José de los Cerrillos, firmado entre Güemes y Rondeau, a instancias de Magdalena Güemes, que pudo haber terminado en una conflagración, permitió que el Ejercito Auxiliar del Perú, que venía derrotado y abatido de Sipe Sipe, continuase su derrotero hacia el sur y se fuera del territorio salteño. Sin ese tratado de paz, el Congreso de Tucumán no se hubiera realizado. Al menos ese año.

A la par de ello, merced al conocimiento que tenían de antaño Güemes y Pueyrredón, permitió que una fina negociación entre ambos, culminara con la designación del último como director Supremo del Estado ¿En qué consistió? En que Güemes lo apoyaría a Pueyrredón, y junto con eso se postergaron las ambiciones del coronel salteño José de Moldes, con serias posibilidades de auparse en ese cargo, lo que trajo aparejado su imperecedero rencor contra el caudillo salteño. Por su parte, Pueyrredón instó a que el Ejército Auxiliar no se acantonara en Salta, lo que sin duda, hubiese eclipsado o dificultado políticamente a Güemes. Por entonces, y pese a que llevaba solamente un año como gobernador intendente de Salta, Martín Miguel de Güemes se había convertido en una figura gravitante, pues su liderazgo en la región se extendía también las denominadas Republiquetas Altoperuanas, cuyos jefes le respondían políticamente al líder salteño. Cabe recordar que algunas comarcas altoperuanas enviaron diputados al Congreso de Tucumán, tales como Mizque, Charcas o Chichas. En cambio las provincias del litoral como corrientes, Santa Fe o Entre Ríos no lo hicieron porque estaba coaligadas con José Gervasio de Artigas y su proyecto confederal disruptivo.

Rápidamente se observaron las tendencias. Buenos Aires mantuvo el espíritu de un sector ideológicamente fuerte, que había comenzado a manifestarse en los episodios que culminaron con la Revolución del 25 de Mayo de 1810 y pretendía ejercer una supremacía sobre las otras provincias. Hábilmente instaló partidarios a su causa, como delegados de otras provincias, como el caso de Juan Martín de Pueyrredón que era diputado por San Luis. Las otras provincias rechazaban esta posición y por ello es que uno de los objetivos, que era sancionar una Constitución, cayó en saco roto. Solo pudo declararse la independencia. Y el Congreso, no obstante siguió deliberando, pero posteriormente lo siguió haciendo en la ciudad de Buenos Aires. De allí se puede inferir, hasta qué punto la influencia porteña se hacía notar. A la par, se debatieron las formas de gobierno en que debería organizarse el Estado. Se le dio la palabra, previa invitación a que exponga, al general abogado Manuel Belgrano, quien desarrolló su exótica teoría sobre la monarquía incásica, que fue motivo de mofa por algunos y vituperada por la prensa de aquel momento. No debe perderse de vista que, previamente a ese Congreso, el director Carlos María de Alvear había caído en el llamado motín de Fontezuelas en virtud de que había iniciado conversaciones subrepticias con España y Gran Bretaña, a fin de que algunas de las coronas europeas enviasen un monarca para estas tierras. Ello se emparenta con la denominada Sorpresa del Tejar, que fue descubierta por Güemes. Quien luego de vencer en Puesto del Marqués, se apartó definitivamente del Ejército Auxiliar del Perú y a continuación fue designado gobernador de Salta, con resistencia de Jujuy, que en pos de independizarse, compartía sus posturas con la del sector que buscaba la prevalencia de Buenos Aires.

Señala Atilio Cornejo que: solucionado el incidente, mediante la capitulación suscripta en Cerrillos el 22 de marzo de 1816 entre Rondeau y Güemes y por el manifiesto del primero dando plenas satisfacciones al segundo (Abril 17 de 1816), actitud que aplaudió San Martín desde Mendoza en su carta a Godoy Cruz en la, que le decía: "más que mil victorias he celebrado la mil veces feliz unión de Güemes con Rondeau". La política de avenimiento y concordancia con las autoridades nacionales era evidente, pero condicionada al establecimiento del Congreso General. En tal sentido, la Asamblea de Diputados de Salta, presidida por el Canónigo Dr. José Ignacio Thames, en noviembre 16 de 1815, había resuelto "que la voluntad de esta ciudad y su campaña ha de depender únicamente del Congreso General que ha de formarse", a cuyo efecto se ordenó comunicar dicha resolución "a todas las ciudades de la comprensión de esta -Provincia, para que, si convienen en lo mismo, por medio de un Congreso provincial proceder a erigir el Gobierno que estime más conveniente; reconociendo entre tanto al Supremo Director de las Provincias Unidas; dándose cuenta al Sr. Gobernador Intendente con lo acordado para que lo haga publicar por bando con música y repique general de campanas o con la solemnidad que halle por conveniente, y -lo mande circular a las ciudades de esta comprensión y Provincias hermanas". Era la consecuencia lógica y el estricto cumplimiento de la resoluci6n del mismo cuerpo de Mayo 11 de 1815, citada precedentemente. Los cinco meses habían vencido, pues, el 11 de octubre de 1815. La actitud de Salta, indudablemente, contribuyó a acelerar la reunión del Congreso en Tucumán, y, por ende, nuevamente, se manifestó la voluntad de Güemes y de la provincia que gobernaba, de colaborar con la obra de un Congreso Nacional, cuya finalidad primordial fincaba en la declaración de la independencia de las Provincias Unidas de toda dominación extranjera y a cuya noble causa Güemes exponía su vida, junto con la de sus comprovincianos y de sus valerosos gauchos. Como se puede colegir de estas aserciones, hasta San Martín había estado en vilo con un posible enfrentamiento entre Güemes y Rondeau, pues lo preocupaba la suerte del Congreso de Tucumán y por ende la realización de su ulterior campaña libertadora.

Así las cosas, esa asamblea dignamente presidida por el canónigo Thames, en aquel momento canónigo de la Catedral de Salta, quien después sería electo diputado por Tucumán, decidió nominar al Congreso a los doctores José Ignacio Gorriti y Mariano Boedo. También había sido elegido el coronel José de Moldes, pero por ser el rival temido por los diputados porteños, por cuanto tenía posibilidades ciertas de ser designado Director Supremo en cuenta de Pueyrredón, se le cuestionó su título y no pudo asumir su representación. Pero esa ya es otra historia.

           

                                                                                                    

           

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